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lunes, 22 de julio de 2024

3 poemas de LA FILTRACIÓN DE LA LUZ de SIHARA NUÑO

 



“Nuestro pasado habita en ciudades, pueblos, calles, cuerpos que ya no existen.

Pero cada glándula de nuestro cuerpo sabe que existe”

J. L. Badal

 

Vestigios. Ruinas de un tiempo antiguo[1]. La interpretación de esos hallazgos. La lectura de los mensajes que prístinas civilizaciones plasmaron, quizá con la esperanza de que alguien los leyera o por la necesidad de dejar la memoria de lo que les inquietaba.

Sin saber muy bien por qué hacemos algunas cosas. Pensamientos y actos privados y primitivos de la naturaleza humana.

Pienso en aquel primer ser humano que golpeó dos piedras buscando el fuego o frotó un tronco sobre otro buscando la chispa. Frotar el tronco y golpear las piedras en busca de ese fuego seguramente le produjo alguna herida. Pero no se detuvo.

 

 

 

Química

 

Viajar al futuro, predecir

la colisión de las moléculas,

imitar la síntesis de las sustancias,

el centro en el que suceden

todas las reacciones;

anticipar el instante.

 

 ***

 

La naturaleza es experta en la conservación de la energía. La humanidad y sus avances tecnológicos aspiran a imitarla: poner en modo hibernación la computadora; economizar la batería del celular para tomar la última selfie; bajar la cuesta sin pedalear, que las ruedas de la bicicleta giren por la propia gravedad, por el propio peso del ciclista; en caso de los vehículos de motor, el conductor desea reservar combustible.

Encender apenas la calefacción, morir de pobreza energética. ¿Cuántas vidas podrían salvarse si supieran sobre la quema de oxígeno y la producción de dióxido de carbono? Que antes se lavaba en el río, que aparecieron los primeros lavaderos [una revolución social]; y luego la evolución de las lavadoras y continúa la esclavitud humana.

Sin embargo, parece que a la industria… al capitalismo, no le convence la eficiencia de la energía;  por el contrario, todo lo hace desechable: cambiar los últimos modelos del total de los aparatos eléctricos, los no eléctricos, la ropa, los zapatos, quemar todo el carbón… asar a los humanos. Todos somos consumibles. 

La sostenibilidad de la energía no es compatible con la humanidad. Menos desgaste en el cuidado y educación de la infancia, que les instruya un electrodoméstico; que escribir a mano cansa, mueve los músculos de la muñeca; que leer aburre y los libros son caros; que el valor de las cosas no tiene que ver son sus precios en el mercado. Que me salgo del tema y entro en la bioética y en la macroeconomía; las cirugías estéticas y la eterna juventud. Conservar los lujos oprimiendo a otros: compensación de la energía.

“No se destruye ni se transforma”. El esfuerzo de quienes trabajan las minas de carbón compensa el lujo; le ahorra energía al que disfruta del trabajo duro del otro. Los países desarrollados explotan a los que despectivamente llaman “tercermundistas”, pero de quienes consumen sus recursos. La industria farmacéutica prefiere gente enferma, invierte en paliativos, prolonga las aflicciones, sí, las aflicciones que llenan bolsillos; enfermedades que no merece la pena investigar y enfermedades que no merece la pena curar.  

¿De qué hablábamos? La conservación de la energía, el mito de la humanidad, su aspiración de la eterna juventud, del bienestar como movimiento perpetuo. No importa que los yacimientos de petróleo se extingan, no importa que los miles de millones de fósiles que ahí yacen vuelvan a morir; después de este recurso agotaremos otras fuentes de energía: la mano de obra barata, el viento, el agua, las niñas.

La sobreexplotación de los recursos del otro: es más barato vender los órganos ajenos; es más placentero prostituir otros cuerpos; ofertar infancias a bajos precios; agotar las energías en un campo de golf mientras otros trabajan al servicio de un monopolio.

La eficiencia de la energía: privilegio del uno por ciento de la población mundial.

 

 

 Sihara Nuñez. La filtración de la luz. Chamán Ed. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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