documentos de pensamiento radical

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lunes, 25 de julio de 2022

10 poemas de ENTRESER de JORGE RIECHMANN




Uno que mira en derredor

y piensa:

el crimen

de quienes convierten a la gente

en esto

¿cómo podría expiarse?

 

 

 

 

 

Uno que apenas soporta su dolor de muelas

¿se atreverá a hablar de los presos políticos,

ijares desgarrados por la tortura?

¿Se acostará cerca del trabajador bananero

a quien han destrozado la rodilla de un tiro

por querer organizar el sindicato agrario?

¿Le lamerá las manos destrozadas al joven ladrón de coches

crucificado contra aquella valla

en la periferia protestante de Belfast?

 

 


Uno que piensa: esto que hemos construido

es el negativo de lo que sería

la vida verdadera, pero enseguida repara

en la inexactitud del símil, no es así,

imagen negativa y positiva

se entreveran, se proyectan

juntas en esta figura angulosa y excesiva

de nuestro vivir, y no

 


Uno que ve a otros

leyendo manuales de autoayuda,

El Tao de la sanación, El hombre

autorrealizado, y sabe:

lo que tú no sepas

nadie puede enseñártelo.

Tu palabra del dorso

has de decirla tú

 

 

 

 

 

Se le ocurre entonces que hay que llamarlo

Rimbaldo, el rápido Rimbaldo, y quizá entonces

algún adolescente no menos rápido pensará cómo

un futbolista tan rápido puede haber escrito

tan raras prosas, Una temporada

en el infierno, quizá la amenaza del descenso

a la segunda división, y la mano

quede prendida del papel y el ojo conectado

con la mano, y el veneno verde

penetre lenta pero implacablemente con la noche y se haya ganado

un muchacho insomne y azorado, un despojo

con el que juega carnicera la belleza, un lector

 

 

 

 

 

Uno que vuelve a lo mismo,

la hormiga más sencilla, la sed más elocuente;

uno que sabe que toda tormenta

entrega a la postre su urbano vaso de agua

 

Uno que sólo llega

allí donde ya estaba

pero le cuesta, le cuesta

 

 

 

 

 

Uno para quien el yo debería ser

como una moneda gastada:

 

ahora en mi mano

ahora en la tuya

 

ahora cae al suelo

 

y se perdió

 

 

 

 

 

 

Uno que antes de acabar relee

la luz de Whitman:

estos son en verdad los pensamientos de los hombres de todas las épocas y de todos los países; no son originales,

y si no fuesen tan tuyos como míos, no valdrían nada, o casi nada,

si no son el enigma y la solución del enigma, no valen nada,

si no son cercanos y remotos al mismo tiempo, no valen nada,

ésta es la hierba que brota dondequiera que hay tierra y agua,

éste es el aire común que baña al globo

 

Uno que se repite:

inteligencia

de lo común

 

 

 

 

 

Uno que a sus 39 años

deja de tener prisa,

la flor lejana no aroma más que la adyacente,

es el libro releído el que libra su secreto,

las tardes son dulces si las subraya el sueño,

en medio de los estrépitos peores

el lecho de silencio

siempre está ahí

 

 

 

 

 

y bajo la superficie de los párpados

un planeta no cesa de girar.

 


 


 Jorge Riechman. Entreser. (poesía reunida, 1993 -2016). Ed. Calambur, 2021

domingo, 24 de julio de 2022

2 poemas de ENTRESER de JORGE RIECHMANN


 


Escribo

poesía

anticapitalista (perdón

por la redundancia)

porque no desisto

de ver sanar

la nube martirizada

el osezno sin leche

la bombardeada dignidad

 

 

 

 

 

El poema, por ejemplo,

que en la era del Pensamiento/ Imperio/ Mercado Único

habría que escribir

alrededor del hueco

de la palabra

libertad



Jorge Riechman. Entreser. (poesía reunida, 1993 -2016) . Ed. Calambur, 2021

sábado, 23 de julio de 2022

                                                                    



                                                                  Tienes que decidirte:

o lo real son los movimientos del dinero,
o lo real son los cuerpos de hombres
y mujeres. Irreconciliablemente
esa opción seccionará el mundo.

Lo llamaremos lucha de clases.


***


TIEMBLO POR el antílope, por el lobo y por el ser humano:
pero quedan y quedarán suficientes mohos, bacterias e insectos
como para que este planeta siga siendo un lugar muy agradable.

***



MIENTRAS EL capital va convirtiéndose en una estructura de acero
la sociedad va convirtiéndose en un puré.
La estructura de acero resulta ser por cierto
un pasapurés.



***

en memoria de Ernesto Guevara


NO CONSTRUYÁIS estatuas:
sembrad jardines.


***



LA LUCHA
no se decide en las calles
sino en los callejones

de la conciencia


Jorge Riechmann. Entreser (poesía reunida. 1993/2016)

viernes, 22 de julio de 2022

SIMBIOÉTICA de JORGE RIECHMANN (fragmentos VIII)


 


“La producción actual de cereales, que proporcionan la mayor parte de las calorías de la humanidad, es de unos dos mil millones de toneladas anuales. Esto es suficiente, en teoría, para alimentar a diez mil millones de hindúes, que comen básicamente cereales y muy poca carne según los patrones occidentales. Pero la misma cantidad sólo puede alimentar a dos mil quinientos millones de norteamericanos, que convierten una gran parte de sus cereales en ganado y aves de corral”.[1]



[1] Edward O. Wilson, El futuro de la vida, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona 2002, p. 54. (El énfasis es mío, J.R.)


...//...

[1] Hoy, el consumo mundial de materiales alcanza la cifra récord de cien mil millones de toneladas al año (con cifras de 2017). El uso insostenible de los recursos destruye la biosfera y la corteza terrestre, pero el reciclaje se está reduciendo: de todo ese inmenso consumo de materiales (más de 13 toneladas per cápita, en promedio) sólo se recicla el 8’6% (y dos años antes era el 9’1%, así que la cosa va a peor). 

Véase Damian Carrington, “World’s consumption of materials hits record 100bn tonnes a year”, The Guardian, 22 de enero de 2020; https://www.theguardian.com/environment/2020/jan/22/worlds-consumption-of-materials-hits-record-100bn-tonnes-a-year . El artículo se basa en datos de un informe (The Circularity Gap Report) que publica anualmente The Circle Economy: https://www.circularity-gap.world/2020 . Véase también el informe de 2019 en https://www.legacy.circularity-gap.world/2019 y https://bfc732f7-80e9-4ba1-b429-7f76cf51627b.filesusr.com/ugd/ad6e59_ba1e4d16c64f44fa94fbd8708eae8e34.pdf . Por último, algunas reflexiones de Samuel Martín Sosa en este hilo de tuits: https://twitter.com/SamuelMSosa/status/1221790630709465091

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Los Ehrlich tenían razón en denunciar la superpoblación; Barry Commoner tenía razón en acusar al capitalismo. En aquella controversia, las dos partes tenían razón. Como apunta Joel Cohen, “cuántas personas puede soportar la Tierra depende en parte de cuántas vistan prendas de algodón y cuántas de poliéster; de cuántas coman filete de vaca y cuántas brotes de soja; de cuántas prefieran los parques y cuántas los aparcamientos; de cuántas quieran Jaguars con J mayúscula y cuántas jaguares con j minúscula”.[1] También cabe repensar lo que decía Raimon Panikkar, en una conferencia de los años noventa: “La explosión automovilística es más espantosa que la explosión demográfica”.[2] Entendiendo bien lo que sintetiza este enunciado: más espantosa que la explosión demográfica es la explosión turística, la bulimia de carne y pescado, la ansiedad de experiencias, la adoración del dinero, la tecnolatría…



[1] Joel E. Cohen, “How Many People Can the Earth Support?” The New York Review, 8 de octubre de 1998, p. 31.

                “Pero, lejos de someter a revisión nuestra bulimia consumista y sus consecuencias actuales y futuras, lejos de enfrentarnos al escándalo moral que supone esta regresión global al canibalismo, nos aferramos a un estilo de vida construido sobre el privilegio. Lo expuso con la mayor contundencia el presidente George Bush (padre) con motivo de la Cumbre de la Tierra celebrada en 1992 en Rio de Janeiro: The American lifestyle is not up for negotiation; el estilo de vida americano no se negocia.” Imanol Zubero, “¿Superpoblación o sobreconsumo? Malthusianismo práctico, exclusión global y población sobrante”, Scripta Nova, vol. XIX, nº 506, 2015; http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-506.pdf

[2] Raimon Panikkar, Ecosofía (edición de Jordi Pigem), Fragmenta, Barcelona 2021, p. 73.

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Y también de hegemonía cultural de las ideas equivocadas: por desgracia, es mucha gente entre los de abajo la que también aspira a los “modos de vida imperiales” del 1%.

 

 

No obstante, hoy las cosas se nos han puesto más difíciles…

 

Desde el debate entre los Erhlich y Commoner ha pasado medio siglo de inacción. Según estimaciones de muchos científicos estamos atravesando ya “puntos sin retorno”: umbrales ambientales críticos que pueden llevar a la biosfera a un nuevo estado, que por lo que barruntamos puede ser muchísimo menos acogedor para la vida humana (y muchas otras formas de vida).[1] En un importante estudio de 2009, un grupo de treinta científicos identificó nueve límites planetarios contra los que hoy están chocando nuestras sociedades. Según sus cálculos, hemos traspasado ya dos de esos límites, y parcialmente un tercero: la acumulación de gases de “efecto invernadero”, la contaminación por nitrógeno y la pérdida de diversidad biológica.[2] Hoy vamos hacia crisis maltusianas, nos advierten los investigadores e investigadoras a partir del mejor conocimiento científico disponible.

“Dos escenarios de pesadilla –la escasez global de recursos vitales y el comienzo de un cambio climático extremo– están empezando ya a converger, y es muy probable que en las próximas décadas produzcan una oleada de agitación, rebelión, competitividad y conflicto. Puede que aún sea difícil discernir cómo será ese tsunami de desastres, pero los expertos advierten de ‘guerras del agua’ sobre disputados sistemas fluviales, de disturbios alimentarios globales provocados por las crecientes subidas de los precios de los productos básicos, de migraciones masivas de refugiados climáticos (que acabarán desencadenando actos de violencia contra ellos) y de ruptura del orden social o de colapso de los Estados. Es probable que, al principio, ese caos estalle básicamente en África, Asia Central y otras zonas del Sur subdesarrollado, pero, con el tiempo, todas las regiones del planeta se verán afectadas.”[3]



[1] Anthony D. Barnofsky y otros, “Approaching a state shift in Earth’s biosphere”, Nature, 7 de junio de 2012, p. 52-58.

[2] Johan Rockström y otros, “A safe operating space for humanity”, Nature, 23 de septiembre de 2009, p. 472-475.

[3] Michael T. Klare, “De cómo la escasez de recursos y el cambio climático podrían producir una explosión global”, publicado en Rebelión el 30 de abril de 2013. Puede consultarse en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=167447 . Klare es autor de The Race for What's Left: The Global Scramble for the World's Last Resources, Metropolitan Books 2012. Página personal en http://michaelklare.com/

Otra advertencia: “La humanidad está a punto de entrar en una etapa en nuestra historia, caracterizada por la penuria de recursos naturales esenciales (agua, terreno agrícola, alimento) que sólo se había experimentado a nivel local por nuestra especie.” Carlos Duarte (coord.), Cambio global. Impacto de la actividad humana sobre el sistema Tierra, CSIC/ Libros de la Catarata, Madrid 2009, p. 25.

...//...

Por otra parte, el debate entre los Ehrlich y Barry Commoner en los setenta tiene hoy una derivada nueva: en cada mano de cada Homo sapiens del planeta mayor de diez o doce años hay hoy un teléfono móvil, propio o compartido. También en los países del Sur. Eso significa que el nihilismo consumista occidental, si lo pensamos como infección, es una enfermedad que afecta ya a todos y todas –también en el Sur, de forma mayoritaria, se aspira a formas de vida del todo insostenibles (modos de vida imperiales).

...//...

Ahora bien, no es porque seamos demasiado numerosos por lo que el 50% de los alimentos producidos a nivel mundial nunca acaba ni en nuestros platos ni en nuestros frigoríficos. No es porque seamos demasiado numerosos por lo que la parte que acaba en nuestros platos o en nuestros frigoríficos llega después de haber recorrido miles de kilómetros a menudo inútiles. No es porque somos demasiado numerosos por lo que esta parte implica cada vez más la carne, especialmente la de vacuno, cuando la alimentación con mucha carne es mala para la salud. No es porque seamos demasiado numerosos por lo que las empresas gastan fortunas en publicidad para provocar en la gente artificialmente necesidades de consumo alienadas, compensación miserable para la pobreza de las relaciones humanas en esta sociedad. No es porque seamos demasiado numerosos por lo que las empresas rivalizan en ingenio para que las mercancías que nos venden se usen y se averíen cada vez más rápido y que no sean reparables. No es porque seamos demasiado numerosos por lo que los Estados gasten fortunas y derrochen ingentes recursos en armamento y en materiales de vigilancia y seguridad. No es porque seamos demasiado numerosos, en fin, por lo que quienes toman las decisiones económicas y políticas, aunque estén perfectamente informados de los peligros, rechazan desde hace medio siglo organizar seriamente la transición hacia un sistema energético basado exclusivamente en las renovables que bastan ampliamente para satisfacer las necesidades energéticas de la humanidad.

En realidad, lo habéis comprendido, la causa de estos fenómenos no es la población ni la naturaleza humana sino el capitalismo y la ‘naturaleza’ de esta forma de producción contra natura


***

 

. Sin el dolor, ningún vertebrado sobreviviría mucho tiempo. Acabaría desangrado, infectado, amputado, quemado, congelado o aniquilado por los parásitos. El dolor indica un daño en los tejidos que debe ser atendido por el organismo, retirándose del estímulo en ese momento o poniendo remedio al daño si es que sabe y tiene la capacidad de hacerlo. Sobre todo, su función es hacer que el organismo evite en el futuro nuevos daños. El organismo aprende rápidamente cuál fue la causa de su dolor y procura no repetir la experiencia…” Antonio Diéguez, “La inmortalidad implicaría la desaparición del yo, y sólo un yo puede tener experiencias” (entrevista), ctxt, 7de enero de 2018.


  https://ctxt.es/es/20180103/Culturas/17087/Roberto-Valencia-Antonio-Di%C3%A9guez-filosof%C3%ADa-muerte-ciencia-l%C3%B3gica-entrevista.htm



Jorge Riechmann. Simbioética. Plaza & Valdés. 2022

Ilustración. Pintura de Juan Carlos Lázaro.

jueves, 21 de julio de 2022

SIMBIOÉTICA de JORGE RIECHMANN (fragmentos VII)




Paco Puche razona de esta forma: “La cosmovisión gaiana hace prescindible el constructo religioso, y la correspondiente hybris teísta que lo ha acompañado y antecedido, y nos inserta a la propia especie, con toda modestia, en un todo superior que nos permite la resurrección permanente. Nada en Gaia muere del todo, es más, todo pasa a formar parte necesaria de los ciclos siguientes de regeneración autopoietica de la vida. Es más, en el sistema Gaia la muerte está programada (apoptosis); sin ella tanto la continuidad de la vida individual como macroorganísmica, estaría comprometida. 

...//...

Adoptando, en vez del lema PLUS ULTRA de las grandes navegaciones y el colonialismo europeo, la alternativa de PLUS INTRA, como nos sugieren Déborah Danowsky y Eduardo Viveiros de Castro propugnando una “intensificación no material de nuestro modo de vida”.[1]

“Nuestro modelo actual de relación y cooperación se basa en un modelo de desconexión. Nos educan y someten a coerción para desconectarnos de nuestras necesidades, de manera que seamos buenos participantes en una sociedad de consumo.

Y (como me recordó en una conversación Brendan Montague, editor de la web The Ecologist) es esta desconexión de nosotros mismos la que nos lleva a la desconexión con respecto a nuestros semejantes que, a su vez, conduce a la desconexión de nuestro entorno –lo cual ha posibilitado construir el sistema extractivo y destructivo donde nos encontramos.

Desconectados de nuestras necesidades. Viendo a los demás como amenazas o problemas que hay que tratar. Caminando con una opresión en el pecho porque sientes que el mundo donde crecen nuestros hijos e hijas está siendo destruido. Engullendo chutes de dopamina de las pantallas retroiluminadas, entre dos rondas de consumir cosas que no necesitamos para sentirnos semi-satisfechos durante cinco minutos.

No. Lo que satisface nuestras necesidades es la conexión. Conexión con nosotros mismos, con los demás y con el mundo que nos rodea. Sentirse como en casa en nuestra propia piel, tener relaciones significativas y ser amigable con nuestros vecinos. Crear cosas que consideramos importantes, cooperando con personas de ideas afines. Estar en entornos naturales, cuidar de los seres vivos.”[2]



[1] Eduardo Viveiros de Castro y Déborah Danowski, ¿Hay mundo por venir? Ensayo sobre los miedos y los fines, Caja Negra eds., Buenos Aires 2019, p. 178-179.

[2] Max St. John, “Why we all need to stop worrying about climate change (and what to doinstead)”, Medium, 26 de abril de 2019;  https://medium.com/@maxstjohn/why-we-all-need-to-stop-worrying-about-climate-change-and-what-to-do-instead-4a7c96d9b8c6 . Sigue el autor su reflexión de la siguiente manera: “Esto es lo que nos ayuda a dormir bien por la noche, lo que nos hace sentirnos íntegros, completos. Pero también es el enemigo de la sociedad de consumo, por lo que ésta ha evolucionado para reducir su papel en nuestras vidas.

Cuando satisfacemos de verdad estas necesidades, dejamos de lanzar un sinfín de productos, servicios y experiencias consumistas a ese vacío que no se puede llenar. Y cuando dejamos de hacer eso, comenzamos a crear un mundo diferente juntos.

(...) Si aceptamos lo anterior, vemos que el ‘consumo consciente’ y los Green New Deals nunca ofrecerán la solución que necesitamos en la medida en que se basen sobre la idea fundamental del ciudadano como consumidor, trabajando para ganar dinero, ganando dinero para gastar, gastando para consumir, etc.

Creo que la respuesta fundamental radica, en cambio, en reconstruir nuestras vidas en torno a la conexión. Y esto tiene que comenzar con la salida de nuestro estado persistente de estrés. Pues si nos enfrentamos a desafíos sistémicos complejos, debemos ser capaces de aportar toda nuestra capacidad y creatividad…”

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Las facturas acaban volviendo sobre la mesa

 

El capitalismo se basa en el resorte básico de comprar barato y vender caro, a todos los niveles. Por eso, no puede funcionar sin generar costes externos masivos y dejar toda clase de “facturas sin pagar” (por ejemplo, intentando pagar la fuerza de trabajo sólo al coste de su reposición; o usando recursos naturales que sólo se valoran al coste de extracción; o tratando a seres vivos sensibles e inteligentes como mera materia prima industrial). Basta reparar en esta dinámica para poner entre paréntesis todos los supuestos progresos que realizamos bajo el capitalismo.

 

Pero estos daños y costes externos no desaparecen sino que se van acumulando, y las facturas acaban volviendo sobre la mesa: hoy lo hacen bajo la forma extrema de colapso ecológico-social. Escribe Boaventura de Sousa Santos que “en una época como ésta, quienes luchan contra la dominación no pueden contar con la luz al final del túnel. Tendrán que llevar con ellos una linterna portátil, una luz que, aunque sea trémula o tenue, ilumine lo suficiente para que sean capaces de identificar el camino adecuado y, así, evitar accidentes fatales. Ése es el tipo de luz que se proponen generar las epistemologías del Sur”.[1]

 

Conciencia –la posibilidad de una lumbrecita, una frágil candela que se enciende en medio de las tormentas, los quebrantos y las oscuridades de la condición humana. Es una posibilidad preciosa: frente a los imaginarios y las prácticas de dominación, imaginarios y prácticas de cooperación, biofilia y simbiosis;[2] si hay que decirlo en una sola palabra, amor. Nutramos esa posibilidad, cuidémosla, respetémosla.



[1] Boaventura de Sousa Santos, El fin del imperio cognitivo, Trotta, Madrid 2020, p. 15

[2] Biofilia es “la tendencia innata de dirigir nuestra atención a la vida y a los procesos vitales (…). Nuestra existencia depende de esta tendencia, nuestro espíritu está entrelazado con ella, en sus corrientes emerge la esperanza” (Edward O. Wilson, Biofilia, FCE, Ciudad de México 1989, p. 9-10. La edición original en inglés es de 1984). Oliver Sacks, en su libro póstumo Everything in Its Place, escribió: “La biofilia, el amor por la naturaleza y los seres vivos, forma parte esencial de la condición humana. Los efectos de las cualidades de la naturaleza en la salud no son sólo espirituales y emocionales, sino también físicos y neurológicos”.

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Ahora bien, sería un error pensar que una “política del amor” constituye una propuesta directamente política. Es pre-política, y se encamina hacia la reforma intelectual y moral (y pasional, añadirían seguro nuestros amigos surrealistas de Salamandra)


Jorge Riechmann. Simbioética. Plaza & Valdés. 2022

miércoles, 20 de julio de 2022

SIMBIOÉTICA de JORGE RIECHMANN (fragmentos VI)

 


Dice la astrónoma mexicana Julieta Fierro: “No podemos competir con la religión, sólo respetarla, es demasiado fuerte”.[1] Homo sapiens tiene una necesidad intensa de sentido (hasta de Sentido con mayúsculas), y generalmente lo obtiene por la sensación de pertenencia a algo mucho más grande que sí mismo. Si eso falla se abre la puerta a todavía más extravío. De ahí la pertinencia de las (eco)espiritualidades, que en sentido laico cabe caracterizar –en mi opinión– sobre todo por dos elementos: vivencia de interconexión profunda con los demás seres vivos, y descentramiento del ego. Por ahí no aparece ningún Dios personal, pero sí una dimensión de lo humano que nos interesa, creo, cultivar…[2]


[1] Julieta Fierro, “Todos tenemos átomos que estuvieron antes en un dinosaurio” (entrevista), El País, 3 de enero de 2022.

[2] He tratado estas cuestiones por extenso en mi libro ¿Vivir como buenos huérfanos?

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[1] Raimon Panikkar nos anima (nunca mejor dicho) a tomar en serio, y sin matices peyorativos, el animismo. “Todo vive, y la Tierra misma tiene un alma, es decir, una vida propia. Empleo la palabra animismo en el sentido tradicional de un principio divino que anima la realidad y es inmanente al mundo, o mejor dicho a la naturaleza. (…) La vida humana no es como la vida de una planta, pero el conjunto de la realidad es un organismo viviente, del cual nosotros también formamos parte. Me gusta citar a un santo cristiano, Bernardo de Claraval, que casi un siglo antes de Francisco de Asís se atreve a escribir: Ligna et lapides docebunt te, quod a magistris audire non posses [Los bosques y las piedras te enseñarán lo que no puedes aprender de los maestros]. La naturaleza está viva y debemos escucharla.” Raimon Panikkar, Ecosofía (edición de Jordi Pigem), Fragmenta, Barcelona 2021, p. 74-75.

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Cero prisas

 

Escribe Marta Tafalla: “Mientras Equo decide suicidarse, Vox obtiene 52 diputados. El partido ecologista a la basura y la ultraderecha negacionista en plan Trump y Bolsonaro creciendo. Cuando el cambio climático avance, cuando tengamos incendios y sequías brutales, ¿qué haremos? ¿Rezar? ¿Quemar brujas? Entender el cambio climático implica asumir que nuestra civilización no funciona, y que ideas básicas como el antropocentrismo son muy dañinas. Pero mucha gente se resiste a asumir esos errores…”[1]

 

No hay prácticamente nadie dispuesto a asumir que nuestra civilización no funciona, y que las elecciones trágicas son entre infiernos mejores o peores. Y por eso avanzamos rápidamente hacia los infiernos peores. En cierta forma, ya no estamos trabajando para el tiempo inmediato –el colapso ecosocial y el naufragio civilizacional son inevitables–[2] sino para el siglo XXII, o el XXIII, o el XXV… si tenemos muchísima suerte. Así que, amigos y amigas, ¡cero prisas! “Tan sólo el pasado mañana me pertenece”, escribía Nietzsche en Ecce Homo, en tono más bien triunfal. Nosotros podemos decir algo así desde la dolorosa conciencia de la tragedia en curso.

 

Pensemos sólo en la destrucción de especies, poblaciones e individuos vivos: para reparar las heridas biosféricas que estamos causando en un siglo, harán falta veinte o treinta millones de años. Quizá con seres humanos –quizá sin ellos. Hoy leemos en los titulares de prensa: “El 75% de las zonas terrestres del planeta están degradadas”.[3] “El 87% de los océanos del mundo están muriendo”.[4] Se teme que en el 2030 hayan desaparecido ya una quinta parte de las especies que en el segundo decenio del siglo XXI nos acompañaban aún en la biosfera terrestre.[5] Así de sobrecogedor es el ritmo de la Sexta Gran Extinción.

 

Arne Naess solía decir que él tenía sus esperanzas puestas en el siglo XXII. A menudo sus interlocutores pensaban que se había equivocado y le corregían: querrá usted decir el siglo XXI. Pero no, el filósofo noruego no se había equivocado. Si acaso pecaba de optimista, suponiendo que ya sería posible reorientarse y recomenzar mejor en apenas un siglo.[6] Hoy, una apreciación realista de las cosas nos lleva a la terrible pregunta: ¿subsistirán siquiera seres humanos en el siglo XXII?



[2] Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes: En la espiral de la energía. Historia de la humanidad desde el papel de la energía (pero no sólo), Libros en Acción, Madrid 2014, 2 vols. Segunda edición actualizada en 2018.

[3] Stephen Lehay, “75% of Earth's land areas are degraded”, National Geographic, 26 de marzo de 2018; https://news.nationalgeographic.com/2018/03/ipbes-land-degradation-environmental-damage-report-spd/

[4] Joe MacCarthy y EricaSánchez, “87% of the world’s oceans are dying: Report”, Global Citizen, 26 de julio de 2018; https://www.globalcitizen.org/en/content/87-of-worlds-oceans-are-dying-climate-change/

[5] José Manuel Sánchez Ron, “Viaje a la naturaleza perdida”, El Cultural, 4 de enero de 2019.

[6] Decir “no creo en un colapso ecosocial inevitable porque no soy fatalista” es esquivar el problema. Yo tampoco soy fatalista: pero sé que existen trayectorias históricas (history matters), dependencias de la senda, bifurcaciones sociales, desastrosas opciones metabólicas (la trampa de los combustibles fósiles) y puntos sin retorno. Es a partir del análisis concreto de la situación concreta -dónde estamos a finales del segundo decenio del tercer milenio: remito de nuevo al ensayo “¿A dónde vamos?” de Nate Hagens-, a partir del mejor conocimiento a nuestro alcance, como se podrá intuir si el colapso civilizacional es aún evitable o ya no. Pero no a partir de desinformadas proclamas de optimismo voluntarista que funcionan según el esquema “resulta demasiado horrible para ser cierto”... Katharine K. Wilkinson sostiene que “la cuestión sobre el tiempo que queda [para frenar el cambio climático] es realmente una pregunta sobre la capacidad humana. Hoy en día tenemos todas las herramientas que necesitamos, sólo hay que ponerlas en práctica” (entrevista en El Salto 4, Madrid, junio de 2018, p. 32). Cierto: si pudiésemos cerrar los ojos, dormirnos en un mundo capitalista y patriarcal y despertarnos a la mañana siguiente en un mundo ecosocialista y ecofeminista, pondríamos en práctica todos nuestros buenos deseos…



Jorge Riechmann. Simbioética. Plaza & Valdés. 2022