documentos de pensamiento radical

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jueves, 12 de septiembre de 2024

3 poemas de QUISE SALVAR A LOS CIERVOS de TERESA RAMOS


 



ANOMALÍAS

 

I

De mil madres y padres heredé el rojo de las arterias,

el ímpetu de sus genes, la movilidad de mis costillas 

y el aire que percute en mis pensamientos.

 

II

El mar me dio la acumulación de muertos en su vientre,

cobalto y azul masivo, con el impulso de caer en lo abisal.

Rehusé a comer pescado o cadáveres.

 

III

El día que huyó el afecto de las tierras altas

murieron poblaciones marinas en el extremo de la península.

Rehusé a comer pescado o cadáveres.

 

 

Aprendí a repensar el mundo.

Renuncié al amparo de un dios armado con divisas.

Cuando vivir no es un arte,

se muere en la barbarie.

 



 INTRAHISTORIA

 

Se duelen en silencio las raíces enfermas del olivo.

Nos hacemos viejos, can.

También mueren los pájaros

y yo agradezco este día tan radiante.

 

Con cuánta rabia y frecuencia las raíces

se apoderaron del muro de mi casa.

La aguja de la canastilla ha desvelado la mentira.

 

El viento trae consigo otra dirección.

La memoria supo envenenarnos con su óxido.

Nunca fue inocente la maldad y ha llegado la hora

de enterrar las cenizas de los padres.

 

Las vigas de la casa me susurran:

seguir caminando no es un dislate.

 

En el instante del abismo y de recoger las teas,

llega travieso el tiempo con sus hebras horarias,

en los días por venir con sus semillas y su polen.

 

 

 

MATERIA HUMANA

 

Camino en un mundo difuso que me borra.

Mi identidad es un aspa metálica dentro del pecho.

 

Vivo sin aire. No hay lugares para mí.

Me invade la extrañeza de ser yo.

No sé qué muerta camina con mis pies.

 

Me legaste un reino, padre,

me diste un trono trashumante.

Recuerdo que fui bella como el viento.

También odié, padre. Odié tanto la torpeza

que me empujó a buscar

la palabra precisa que redime.

 

La vida me sucede, aunque me empeñe

tantas veces en cambiarla.

Vivo prendida a las paredes de un poema sordo,

en un viaje al vientre de un sueño

imposible de descifrar.

 

Que el mundo es una selva,

lo aprendí

demasiado pronto.




Teresa Ramos. Quise salvar a los ciervos. Ed. 4 de agosto, 2024

viernes, 6 de septiembre de 2024

CARAOSCURA Y MHIJEA SON VOCES DEL EXTREMO (a propósito de un incidente que no presencié y de ciertos comentarios que sí escuché)


 



CARAOSCURA Y MHIJEA SON VOCES DEL EXTREMO (a propósito de un incidente que no presencié y de ciertos comentarios que sí escuché)


A algunos de los asistentes a los encuentros de Voces del Extremo les cuesta creerlo, imbuidos,

como llegan, por los protocolos de nuestros adversarios; creen que Voces del Extremo es un

‘festival’ más de poesía en el que aprovechar sus diez minutos de gloria para darle al mundo

entero (en realidad, en la mayor parte de los festivales, como mucho, a los otros poetas

presentes, que nos toleran, a duras penas, porque están esperando su turno) nuestra luz y el

fruto exquisito de nuestra poesía (distinguida, profunda e incomparable, donde las haya, por

supuesto); por eso, esos asistentes no entienden –no entendieron la noche de la clausura del

pasado encuentro, en La Peña– que Caraoscura y Mhijea son Voces del Extremo, que Voces del

Extremo no es un festival de poesía al uso (aunque, a veces, se parezca, por nuestra tozudez en

convertirlo en otro estúpido festival más, muestrario patético de un montón de cutres

vanidades); por eso, les cuesta admitir que Voces del Extremo no son esos diez minutos de

gloria personal, sino el ‘encuentro’; no entienden que Voces del Extremo es, antes que nada, el

gozo de compartir, con los que se supone que son nuestros iguales, cuatro días dedicados al

intercambio y al regocijo con ellos: amigos y amigas reencontradas o compañeros y

compañeras recién descubiertos.

No entienden que Caraoscura y Mhijea son Voces del Extremo, precisamente, porque ellos

representan, desde el principio, esa sincera y sentida exaltación de la amistad, del compartir

juntos la diversidad de voces y del respeto.

¿Me gusta todo lo que veo y lo que escucho en Voces del Extremo?, no, claro que no. ¿Disfruto

de cada reencuentro y de cada encuentro nuevo?, sin duda. ¿Disfruto de cada voz descubierta

(¡han sido tantas a lo largo de estos años!) y de cada uno de los días pasados en Moguer?, por

supuesto que sí. Y, siempre, edición tras edición, me asombra lo mismo, ese silencio y esa

atención con la que, sesión tras sesión –mañana, tarde y noche–, la mayoría de los asistentes

escucha a los demás: salvo, claro, los que se impacientan, porque no entienden que allí no se

trata de sus diez minutos de gloria, que Voces del Extremo no es un festival más, por más que,

a veces, lo olvidemos; que es, sobre todo y ante todo, una asamblea abierta de compañeros y

de compañeras felices de encontrarse y de reencontrarse, cada año, a finales del mes de julio,

en Moguer, para compartir, respetuosamente, sus voces, dispuestos a admirar y a reconocer

los destellos de auténtica poesía que cruzan, a veces, el patio de la Fundación, la plaza de Las

Monjas o La Peña, y dispuestos, también, a perdonarse los malos versos, cuando se nos van de

las manos, y los momentos de cansancio y de desconcierto, que también los hay.


Matías Escalera Cordero








jueves, 5 de septiembre de 2024

A VECES





 


 

A veces

quien sabe lo jodido

de irse a la cama

con hambre o frío

no puede elegir el color del látigo.

 

A veces

la prisa condiciona la respuesta

atrapadas en la urgencia

del día siguiente.

 

A veces

cuando estamos ocupadas en sobrevivir

olvidamos que el futuro del planeta

no se decide en grandes cumbres

sino en pueblos pequeños

que el tiempo no vuelve

y la vida es muy corta

para hacer horas extras.

 

A veces

alguien rebusca en la basura

las miserias que vomitan en época de pestes

para seguir siendo nadies

blasfemar en harapos

en hilera penitente

que nos arrancan los ojos

con el aplauso de los peces.

 

A veces

la vida nos pasa por encima

y la excepción se convierte en norma

alejándonos de la esencia

de las raíces...

por eso

el mundo tiene que cambiar

debemos desandar el camino

desaprender lo aprendido

e inventar un triángulo sin aristas

de matemáticas imperfectas

como impulso de transformación

volver a lo colectivo y al futuro

navegar por el ecosistema

de sentimientos

y en cada latido

 

                                               llamarnos

                                               escucharnos

                                               abrazarnos

                                               reconocernos

 

recordar lo importante

que la dignidad nunca tiene precio

salvarnos todas al mismo tiempo

y sembrar la esperanza

en la voz de nuestras hijas

porque las caricias

enseñan más que las cicatrices.

 

 

 

BATZUETAN

 

Batzuetan

gosez edo hotzez ohera joateak

zer esan duen dakienak

ezin du zigorraren kolorea aukeratu

 

Batzuetan

presak erantzuna baldintzatzen du

hurrengo eguneko larrialdian harrapatuta

 

Batzuetan

bizirik irauteko lanpetuta gaudenean

ahaztu egiten zaigu

planetaren etorkizuna

ez dela gailur handietan erabakitzen

herri txikietan baizik

denbora ez dela itzultzen

eta bizitza oso laburra dela

aparteko orduak egiteko.

 

Batzuetan

norbaitek zaborretan bilatzen ditu

izurri garaian

botaka egiten duten miseriak

inor ez izaten jarraitzeko

birao egin zarpailetan

penitentzia-ilaran

arrainen txaloekin

begiak kentzen dizkigutena.

 

Batzuetan

bizitza gainetik pasatzen zaigu

eta salbuespena arau bihurtzen da

sustraien esentziatik urrunduz..

horregatik

mundua aldatu egin behar da

bidea desegitea

ikasitakoa desikastea

eta matematika inperfektuaren

ertzik gabeko triangelu bat asmatu

eraldatzeko bultzada gisa

kolektibora eta etorkizunera itzuli

sentimenduen ekosisteman nabigatu

eta taupada bakoitzean    

 

                                               elkarri deitu

                                               elkarri entzun

                                               elkar besarkatu

                                               elkar ezagutu

 

garrantzitsua dena gogoratu

duintasunak ez duela preziorik

denok aldi berean salbatu

eta itxaropena ereitea

gure alaben ahotsean

zeren laztanek

gehiago irakasten baitute

orbainek baino.

 

 

 

Ibon Zubiela Martín.  En: Voces del Extremo, poesía y resonancia. Ed. La Tortuga Búlgara, 2024.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 4 de septiembre de 2024

2010 ― 2020 ― 2024

 



 

A Jorge Riechmann y a Antonio Orihuela por enseñarme, sin saberlo, a abrazar la vida.

 

¿Mi tierra?

Ahora sé que mi tierra no es mi tierra

y que nunca me ha pertenecido,

 

pero aquellos ojos míos de dos mil veinte

vieron la vida entre tanta pena, entre tanta podredumbre,

y por primera vez en mucho tiempo avistaron dos delfines en Venecia,

y la vida salvaje volvía a abrirse camino en el verde fluorescente de los canales,

 

pero aquellos ojos míos de dos mil veinte

vieron la tele, casi ciento treinta mil fallecidos,

y la vida tambalearse a las orillas de un apretón de manos,

y la muerte asomarse tras el beso, la caricia y el abrazo en el supermercado.

 

Qué no vieron aquellos ojos míos de dos mil veinte

es una pregunta que me ha perseguido durante los últimos años,

y lo que no vi fue esta tierra que consideraba mía,

y me arraigué en el paisaje perdido de la infancia,

 

aquellos ojos míos de dos mil veinte

no vieron los días eternos y dorados del verano,

ni la última brisa estival acariciando nuestro rostro,

ni la primera gota de agua fría en septiembre,

 

aquellos ojos míos de dos mil veinte

no vieron el sol sorprendiendo a la luna,

ni la calima sorprendiendo a la impoluta Sierra Nevada,

ni la Alpujarra teñida de un tono anaranjado,

 

aquellos ojos míos de dos mil veinte

no vieron la primera neblina envolviendo nuestro contorno,

ni a la cabra montesa bajando al Guadalfeo a beber un poco de agua,

ni el baile del bosque al ritmo del vendaval enérgico.

Y ahora que puedo ver, no veo nada,

y aquella que fue, esa nunca más regresará

porque ahora sé que mi tierra no es mi tierra

y que nunca me ha pertenecido,

 

y ahora que puedo ver, veo

que sufro una triple pérdida por el paisaje

de aquellos ojos míos de dos mil diez,

un recuerdo ya desdibujado en la memoria,

de aquellos ojos míos de dos mil veinte,

la ilusión de poder volver a ver el asombro del mundo,

de estos ojos míos de dos mil veinticuatro,

testigos de que aquí también ocurrió el ecocidio,

 

y ahora que puedo ver, veo

que de esta no saldremos

y uno desearía cerrar los ojos,

y desearía imaginar que otro fin del mundo es posible

para no tener que ver la muerte de tanta belleza,

pero es mejor mantener los ojos abiertos,

nos aconsejaba el maestro Jorge Riechmann.

 

Por eso, no me culpes si en el dos mil veinte

escribí a la belleza de los ocasos, las tormentas

y los amaneceres que nos perdimos,

y no me culpes por este triste canto

ahora que sé que mi tierra no es mi tierra

y que nunca me ha pertenecido,

y que tengo la certeza de que el capitalismo

es el mayor virus que ha creado el ser humano.

 

Sé que el futuro es una lucha perdida para nosotros,

pero me reconforta saber que la vida,

lo único que siempre se nos escapó de las manos,

volverá a abrirse paso entre los escombros,

ya lo dijo un hombre sabio.



Thalía Compán Santiago

 

martes, 3 de septiembre de 2024

4 poemas de ISLAS INVERNALES de MARINA AOIZ MONREAL



 


Más fuerte que una misma


De qué te sirve

fingir desastres a brazo partido.

Que fuiste la invitada del lago sagrado,

ya lo sabes.

Nunca olvides que ungida del bosque

y su luz en llamaradas.

No. No se puede escribir

sin la fuerza del cuerpo,

te inocula Duras

su veneno de adelfas.

Hace falta ser más fuerte

que una misma

para abordar la escritura y en ti

se han quebrado dos eclipses

como secos y huecos tallos de hinojo.

Sospechas

que un huésped de la niebla

profanó la hierba de tus ojos

porque un escozor de tinta densa te ciega.

Que a orillas del lago

las cenizas de los muertos

rozaron tus cabellos, lo sabes.

También sonaron crótalos y campanillas

mientras los niños-dioses abrían para ti

las cáscaras de huevos azules.

Guirnaldas de jazmines y azahares

orlaban tus anhelos.

De qué te sirve... Cierra los ojos. Descansa.




Cicatrices


Recorriste la tierra enrojecida

confundida entre guijarros y líquenes.

Sobrecogida regresaste al submundo

de las raíces de olivo

donde te fue revelada

la hermosura del silencio.

La historia de aquella mujer desterrada,

poeta,

que quiso ser uncida como un caballo,

latía durante tu ahogo.

Lo que tú perdiste

entre las cicatrices de la tierra,

lo que se llevó el agua y el fuego,

se apiada de ti.

Te pregunta Eunice Cohen:

¿Quién no se perdería

para recuperar la voz?

Mejor calla. No respondas

desde la turbidez rabiosa

del infiernillo de la ciénaga. Empapa

tu pan de cereales en el aceite más puro.

¿No sientes un rayo de sol atravesar

como espada de fuego tu garganta?

Mientras sueñan la niña y los petirrojos,

y ni un solo pétalo de nieve se mueve,

la tarde se esconde

dejando en las pupilas

el inventario de todo lo posible.




Soberanos de la ciénaga


(A Gabalzeka Teatro, por su labor de 40 años, infatigable)


ACTO I

Si nos encerramos en una habitación sin ventanas

a contemplar algunos cuadros de la serie negra de Goya.

Si imaginamos a los miserables de Víctor Hugo

cacareando entre la mugre de un espeso gallinero.

O subidos a la barca de Caronte,

recorremos las aguas oscuras de la Estigia

con una humedad de ultratumba

taladrándonos los huesos.

Si el arcángel de la muerte

nos acaricia con sus plumas marchitas

y las chinches nos muerden las entrañas

hasta dejarnos sin una sola gota de sangre.

Si nos convertimos en reyes de la zahúrda,

soberanos de la ciénaga,

mendigos de los sueños,

una voz de fango salida del mismísimo infierno

asegurará que Dios ha dejado de creer en nosotros

y ningún milagro nos salvara.

Réquiem por todos los menesterosos.

Pusilánimes, impíos, muertos vivientes,

desdichados eternos.

Las cosas malas se hacen eternas.

Eternas la lluvia, el frío y el hambre de eternidad.


ACTO II


-¡PERDÓNALOS!, masculla entre dientes

la voz de la inocencia

cuando el día se abre con su túnica rosada

en el alma de la criatura más desvalida de la escena.

(Mansos de corazón sed bienaventurados).

Vosotros los amados.

La que vive y muere en la blancura,

atraviesa ligera el espacio con sus alas de paloma.

La respiración contenida.

Por fin los aplausos. Y una lágrima que solitaria resbala.


(Soberanos de la ciénaga está inspirado en la representación de Gabalzeka Teatro de la obra

Cuando la vida eterna se acabe, de Eusebio Calonge).




Muchacho mordido por un lagarto


(Caravaggio)


I

Rosa de nácar prendida en el cabello

por el amor perentorio. Bebedora insaciable

de un agua noble brotada del manantial del sueño.

Él viste acaso sábana que sabe demasiado.

El éter de esa rosa de sed se mezcla con el deseo

en la habitación del miedo, donde la luz abrasa.

Ardor de cuerpos en el crescendo de la tarde.

Hambre de cerezas para aliviar la soledad

de cierto abandono tras el placer inesperado.

La luz, fuego en la boca y en el hombro,

se derrama sobre la tela blanca. Ha mordido

unos labios, ha mordido los dedos rosados

con sabor a fruta demasiado ácida y ya es hora

de succionar el dulzor de la carne vegetal,

sin los gusanos del arrepentimiento. Por eso huye

de la alcoba hacia el rincón de las viandas.

Entre los frutos, cómplice de ocultas espinas

de la rosa húmeda, un lagarto se agarra a la uña tierna

con sus pequeños dientes afilados. El dolor punzante

del dedo corazón asciende por el brazo. Frunce las cejas.

Grita. Saturno ríe a carcajadas. La vida quema.


II


La intimidad se descompone en el interior del búcaro

y el agua se torna roja en la lucha de luz y sombra.

Todo se oscurece. El viento de las negras mariposas

agita las ocres cortinas de la estancia. Juventud,

fragilidad del tiempo, semillas encerradas.

La muerte agazapada en el llanto contenido. La sangre

no distrae la creciente pasión de pinceles y pigmentos.


(Sobre la pintura Muchacho mordido por un lagarto de Caravaggio, se especula si el joven es el propio

artista o se trata de su amigo pintor, el siciliano Mario Minniti. Sea quien sea el modelo, el cuadro resulta

inquietante y la expresión de dolor del rostro transmite gran fuerza y emotividad).



Islas Invernales

Marina Aoiz Monreal

X Premio de Poesía “Leonor de Córdoba”

Colección Daniel Levi. Córdoba, 2011.

lunes, 2 de septiembre de 2024

LÓGICA DEMOCRÁTICA



 

 

Ayer, los anarquistas querían acabar con la propiedad y el Estado,

dinamitar el poder y organizar, de abajo a arriba, la economía.

 

Los comunistas querían imitar a la Unión Soviética.

 

Los socialistas conseguir cierto equilibrio y justicia

entre el interés particular y el interés general.

 

Hoy la máxima aspiración de la izquierda parlamentaria

es intentar que el salario mínimo alcance los mil euros,

dictar leyes a favor de la igualdad de derechos de la mujer

y tratar de proteger la dignidad del colectivo LGTBI.

 

De ayer a hoy el mundo no se ha vuelto más justo

pero la izquierda, a base de renuncias,

se ha hecho tan pequeñita,

que por mucho que se empine

no llega a los engranajes que mueven el mundo.

 

Si quienes podríamos ser de izquierda

nos hemos acostumbrado a la injusticia,

y hemos normalizado la desigualdad y la explotación.

 

Qué tiene de extraño

que todos los demás ya voten a Vox.

 


 


Antonio Orihuela. El fuego desde el otro lado. Ed. La tortuga búlgara, 2023

domingo, 1 de septiembre de 2024

144.000



 

Señor, ¿son pocos los que se salvan?

Lucas. 13, 22-23

 

El desarrollo sostenible nos salvará,

la energía solar nos salvará,

el coche eléctrico nos salvará,

la tecnología nos salvará,

llevar la naturaleza a los balcones nos salvará,

el regreso de Jesucristo nos salvará,

el contenedor amarillo nos salvará,

el capitalismo bien diluido en comunismo de Estado nos salvará,

la próxima cumbre del clima nos salvará,

el almacén de semillas del ártico nos salvará,

el arte y la belleza nos salvarán,

el nuevo peine para el pelo rizado nos salvará,

Platón y Dostoievski nos salvarán,

la generación Z nos salvará,

la Iglesia de los Santos de los Últimos Días nos salvará,

Jordi Cruz, Bertín Osborne, José Manuel Soto,

Ana Rosa Quintana y Pablo Motos, nos salvarán.

 

Mientras tanto,

todo lo que le hacemos al planeta dice:

 

Estáis condenados.

 


Antonio Orihuela. El fuego desde el otro lado. Ed. La tortuga búlgara, 2023