documentos de pensamiento radical

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viernes, 12 de diciembre de 2014

GATAS PARIENDO





Así escuchas las cosas de tu vida como el maullido de un gato al fondo del jardín

Te despiertas de madrugada y oyes al fondo muy al fondo ese remoto maullido de gato recién nacido

Y un verano y luego otro y otro más hasta llegar a esta noche

al fondo del jardín al fondo

Así escuchas las cosas de tu vida así escuchas las cosas del mundo
a oscuras de noche palpando el susto de no entender o el de no querer hacerlo

y ese gato no para de maullar y es una pequeña herida no sabes de qué no sabes de quién pero ahí está insistiendo clamando de hambre y noche al borde del peligro al borde del abismo al borde del jardín Un coche un faro luego nada

Y continuarán los maullidos más obcecados que tú y si no al tiempo al próximo verano hasta la próxima canícula sonido desvalido como una onomatopeya tan poco lírica que no la puedes escribir

Qué pensaría nadie y quién es nadie al leer esa onomatopeya tan líricamente escrita tan ridículamente sonora tan de viñeta de posguerra

pero suena suena cada noche

y tú para bordear la herida dices que así empezó todo con una onomatopeya con un sonido tan innombrable como ahora el insistente maullido del gato recién nacido convocándote a dónde pidiéndote qué

O quizá algo peor tal vez nada te convoque y tan solo te despiertas en medio de la noche para ser el precario testigo que no puede traducir una onomatopeya Eso te dices para bordear la herida

Escuchas el maullido del gato Has visto un hombre sin brazos al borde de la limosna has rozado la pierna perdida del animal en el pantalón doblado sobre el muslo has comprendido que la muerte es un ramo de rosas de plástico atado a un farol
y te has preguntado qué palabra no es una onomatopeya indescifrable, una persecución en la sombra

Un verano y otro al fondo de la vida al fondo del jardín al fondo del sonido

Y las gatas siguen pariendo sin parar y paren onomatopeyas que al fondo del jardín resuenan como las tablas de la ley 


Guadalupe Grande.  Animales entre animales.  Raspabook Ed. 2014
Pedidos: http://www.raspabook.com
Fotogafía de Juan Sánchez Amorós


jueves, 11 de diciembre de 2014

INCIDENCIA MORAL





Quien haya visto a Dios,
que levante la mano
y diga que no es cabra ni conejo,
ni toro ni libélula,
ni hormiga ni caimán;
que atestigüe que es hombre,
que nos aporte pruebas de que existe y es hombre,
de que es justo y es hombre,
y que todo lo hizo como lo haría un hombre;
nunca como lo haría un perro o un lagarto
sino con la conciencia brutal que alberga al hombre
para que sus hijastros se parezcan a Él,
para que no hayan dudas
de que el hombre es capaz de crear y matar
con la misma pasión que jura o que maldice.


Quien haya visto a Dios
que levante su mano y diga la verdad:
¿Qué dios resistiría la vergüenza de ser
el artesano de tantos asesinos?


KATY PARRA. Animales entre animales.  Raspabook Ed. 2014

miércoles, 10 de diciembre de 2014

LA ESPINA



Recuerdo que de niño
me gustaba cazar
saltamontes, gusanos, lagartijas,
ranas, grillos, arañas,
y los descuartizaba
sin ningún miramiento,
amparado en la dulce ingenuidad
del niño que no tiene
ni moral ni conciencia, y que no sabe
que la vida es un don irrepetible
dondequiera que esté.
Abandoné la infancia
dejando a mis espaldas un reguero
de alas y de patas, de ojos y de antenas,
de artrópodos y anfibios destripados.
Y me hice mayor, crucé la adolescencia.
El alcohol, los primeros cigarrillos,
la novia y el servicio militar
eran el prólogo de un libro
que me estaba esperando:
el mundo sin color de los adultos.
Hace años pasé la cincuentena.
Me casé, tengo hijos, el trabajo
apenas me permite contemplar
el paso sigiloso de la vida.
Soy un hombre sencillo. Escribo versos,
me gusta pasear sin prisa por el campo,
cuidar de mi jardín o jugar con mis gatas.
Se podría decir
que yo soy incapaz de matar una mosca.
Y es cierto. Me pregunto en qué momento
de mi vida empecé a sentir compasión
por esos animales
que comparten conmigo el existir,
y a entender que el afán
por matar, la crueldad y la barbarie
de quienes sacrifican vidas inocentes
de toros, de caballos, de gatos o de perros,
de gallos o de cabras
por placer, por estética, acaso porque sí,
tan solo porque sí
conducen al dolor
y a la infelicidad.
Escribo este poema
a la luz macilenta del recuerdo
para pedir perdón a tantos saltamontes,
gusanos, lagartijas, escarabajos, ranas,
hormigas, renacuajos, arañas o libélulas
a los que asesiné cuando era niño.
Apiadaos de mí, hermanos míos,
desde el confín azul en el que descansáis.
No puedo devolveros la existencia
pero en mi corazón seguís viviendo
como una espina dolorosa
que nunca deja de dolerme.

Juan Ramón Barat.Animales entre animales.  Raspabook Ed. 2014
Pedidos: http://www.raspabook.com
Fotografía de Juan  Sánchez Amorós

martes, 9 de diciembre de 2014

PERRO, CADENA Y ESTACA. (πr²)






El perro del almacén de palés
ladra cuando pasas frente a la valla.
Es un mastín que ladra desde el suelo,
tumbado bajo el sol,
muy cerca de su estaca.


No hay fiereza
en esa voz que lanza para nadie.
No hay alarma
en la profunda trinchera de sus ojos.
Hay campos en barbecho, y ráfagas de tierra.
Hay un calor de trigo y espejismo.
Hay noches, que no has visto ni verás,
donde a cada ladrido
responderá el inservible brillo de una estrella.


Que esto quede claro:
las estrellas no parecen ojos,
ni de divinos jueces son testigos.
Y también es inútil tu mirada.
Tú tienes una voz prestada, y él, un aullido sin respuesta.
Y estáis, los dos, muy dentro del silencio,
clavados en el centro de mil hectáreas de silencio y vallas.
Y sin embargo, calculas, como humano y racional,
la distancia entre el perro y la estaca.
Necesitas ese número que alguien dijo una vez
en el mostrador de una ferretería:
déme cuatro metros de cadena.


Recuerdas, porque eres descendiente de los griegos,
la fórmula del área de la circunferencia.
Pi por el radio al cuadrado.
Luego el perro, dada la longitud de la cadena, que es el radio,
tiene una superficie vital de 16pi metros cuadrados.


El perro del almacén de palés
ladra mientras calculas delante de esta valla.
Sigue ladrando sin rabia, sin voz,
desde una circunferencia real e imaginaria,


Y tú quieres seguir inundando de números el desierto.
Calcular ahora los años, cuánto tiempo
lleva el perro ladrando desde 16pi metros cuadrados;
para multiplicar por 365 y por 24 y por 60,
y hallar la inabarcable cifra del dolor que va sumando ese ladrido,
y luego seguir multiplicando hasta dejar de ser humano,
hasta que los números se ovillen de cansancio.


Te gustaría saber, porque perteneces a la gran cadena humana,
que parcela, calcula y progresa,
si preferirá el mastín girar en el sentido de las agujas del reloj o en el contrario.
Pero también sabes que no importa:
El sentido de las agujas es siempre clavarse en el tiempo y la conciencia.


Lo que sabes, tras los números, es esto:
el ladrido del perro es una bóveda cansada
bajo la que se resuelven, con indiferencia,
viejas controversias de geometría, de alquimia,
del alma de los indios, las mujeres,
los perros, los ángeles y demonios,
así como la historia del hombre en estos campos.
Donde tú eres eslabón,
e innecesario.


Te gustaría pensarte bajo el sol como una estaca.
Y que sean tus ojos la cadena,
y el perro el dios donde termina el mundo.
El alcance de tu mirada pi metros cuadrados
es el círculo de lo humano, antes de que empiecen
a tensarse en tu lengua los ladridos.


Y también hay cosas que no quieres imaginar.
Porque eres humano,
heredero de una larga estirpe de cobardes.


Me refiero
al mostrador de la ferretería,
al sonido de las monedas, de las cadenas,
y al eco de la estaca
mientras era clavada en una tierra
que no era todavía el centro de ninguna circunferencia.


Me refiero,
sobre todo,
a la incondicional alegría del mastín,
una vez cada dos semanas,
cuando se abre la puerta de la valla.


Diego Sánchez Aguilar. Animales entre animales.  Raspabook Ed. 2014
Pedidos: http://www.raspabook.com
Fotografía de Juan  Sánchez Amorós

lunes, 8 de diciembre de 2014

DOS POEMAS DE CRISTINA MORANO




POR QUÉ LOS ADULTOS NUNCA VAN AL ZOO, SOLO ACOMPAÑAN A LOS NIÑOS

Qué lástima, te mira.
Detrás de la valla te mira y da una lástima...
Parece sucio, no tiene lustre la piel,
se tumba enseguida. Por un momento
has encontrado una metáfora,
algo relacionado con pertenecer
a un amo.
Incómodo, repasas las llaves del coche,
el dinero para gasolina, tus críos
que siguen enganchados
mirando fijamente dentro de la jaula.
También la carretera
corre tras un vallado, y tu casa.
Al sacarte la ropa te asombra
tu propio cinturón: parece una correa.
Por fin, encuentras la diferencia
entre el animal y tú:
Él no
consiente su cárcel.
Todavía aúlla y si pudiera

saltaría.


*


EL ANIMAL QUE NO ERES

No, tú no eres un animal.
Tú no obedeces
ciegamente, ni al dolor respondes
con aullidos. No has nacido
en el lugar previsto, ni has sido separado
de tus juegos para la educación.
Nadie te confina en recintos
protegidos, ni vigila tu ocio, 
ni escancia tu comida a horas previas
en platos estándar. No entregas
tus crías al sistema, ni tu placer a las normas.
No,
Tú no eres un animal.
Estás seguro. 





Cristina Morano. Animales entre animales. Raspabook Ed. 2014

domingo, 7 de diciembre de 2014

DAZINA






Después la realidad es ese cuerpo
que amaste y sin embargo
como en un rompecabezas
cuyo dibujo final es el sentido
del abstracto,
la cabeza no cuadra.
El mismo cuerpo blando,
como una línea divisoria en la cabeza
está la muerte,
la sangre derramada
a través de los oídos,
ojos de vidrio abiertos,
un títere arrumbado.
No era un juego
aparecer y desaparecer,
se juega fuerte por estar
ahí
como si fuera imposible perder
como si hubiera nada
que ganar.
Después la realidad
es ese cuerpo que falta
en movimiento
coincidente con el tuyo.
El tacto
del amor
no su sentido.
Si ibas venía,
trepaba sobre vos,
miraba si mirabas,
no era un vidrio.
Canicas transparentes
que tiraste a la vereda
como un bolsa de basura,
cruzaste la calle
con ese cuerpo a rastras,
cruzaste una línea para siempre.
Tener o no tener
no son palabras,
estaba
al despertar,
al dormir
estaba ahí.
Tirada
en las baldosas
la cabeza
cayó en tu propio juego
de pensar
y no pensar el vacío
real y el desamparo
sin línea divisoria.
No hay salvación ahora
para el cuerpo,
no hay modo de salvarte
del dolor,
no hay modo de saber
lo que se sabe después
que ha sucedido.
Afuera
no es adentro,
hay un borde de abismo
en el amor que se descuida,
se pierde lo perdido,
no cobija
quien recuerda la casa
por el frío.
Das vueltas, vueltas
y no hay forma
de volver atrás.
Se juega con la ausencia,
se juega a dejar ir
para que vuelva,
para saber qué se desea,
armar un cuerpo en la memoria,
una cabeza que coincida
con nuestra idea del amor.
Y está en los ojos,
se cree ver la propia soledad
en un abismo
real,
se cae en la inconciencia
del peligro,
el vértigo que se imagina
asciende como náuseas.
Después
la realidad conjura ese temor
con lo temido.
Después se vuelve al punto
de partida,
la misma ventana,
el mismo paso como si nada
dependiera del propio movimiento
sino de quien debiera
sostener.
Pero no estabas,
dejaste tu veneno
y ni siquiera en ese acto
hubo intención.
Se juega a proteger
del propio amor,
del propio ahogo se ampara
con vacío,
se cree ver la propia fuga
en la mirada sin retorno.
Un vidrio frágil
separa de la muerte,
una muñeca rota
de pupilas tiesas
te deja ver ahora que el lenguaje
eran sus ojos.
Amar también es entender
que hay una línea divisoria,
un reino animal que llega hasta nosotros
con su manera silenciosa
de amar estando
ahí.
Y si no está
mejor es que no exista.
Dejamos caer como nos dejan
los dioses frente al cielo.
Aparecer y desaparecer
de uno en uno
mismo,
estás ante la puerta
esperando
escuchar ese sonido,
ver la forma,
sentir lo que no hay modo
de volver a sentir.
Perder lo que se tuvo
no es lo que se imagina
haber perdido
y no se tuvo nunca.
Como en un juego de errores
la diferencia es en el fondo
la inversión de la escena,
la línea divisoria de ese espejo
es nuestra forma,
después
la realidad es el abismo
de una ausencia
real.
Se cae en la cuenta,
la ausencia presentida es el reverso
del acecho
o viceversa,
quien espera no ve
los cuerpos cuando están
ahí.
Una cornisa
al borde de la casa.


Susana Villalva. Animales entre animales. Raspabook Ed. 2014
Pedidos: http://www.raspabook.com
Fotografía de Juan Sánchez Amorós.



sábado, 6 de diciembre de 2014

NOSOTROS



Nosotros,
hombres futuros,
hemos mirado los ojos
de los poetas muertos
y hemos contemplado
dentro de ellos
el dolor del mundo
el dolor amargo
el dolor pertinaz
el dolor angustioso
el dolor cansado
el dolor que grita
el dolor eterno
de la locura
el dolor que se vierte
gota a gota
sobre la tierra
el dolor que nos atrapa
como una telaraña
el dolor que lo emponzoña
absolutamente todo
el dolor impío
el dolor nuevo
y el dolor viejo
el dolor inesperado
el dolor de la mentira
el dolor de la carne muerta
el dolor salvaje
el dolor vagabundo
el dolor abierto de piernas
el dolor terrible
el dolor desnudo
el dolor de la soledad
el dolor infame
el dolor desolado y fútil
de la belleza
el dolor que nunca duerme
el dolor que golpea con saña
el dolor que se oculta
en los ojos de los poetas muertos. 

Todo el dolor de este mundo.

Rafael Calero