DE LOS PÁJAROS, EL VUELO
Oír un trinar mientras despierto y desear
entenderlo: primitivo conjunto de notas
que se enredan divertidas en el martillo,
el yunque y el estribo, como hilo invisible
que amarra sin apretar los sueños y los eleva.
No soy más que los pájaros que anidan
en mi cabeza, elegantes vertebrados plumíferos
que antes reptaban por el suelo, como yo
y ahora planean, decididos, hacia el horizonte.
El aire entre sus plumas ligeras me sostiene,
me dirige y acrecienta las ganas de ascender,
de jugar con el aire, de usarlo en mi ventaja
para suspenderme en la idea que persigo.
Volar en grupo, imantarme a los otros
realizar movimientos danzarines al unísono
––empatía deliciosa, que consigue sin esfuerzo
que el vuelo sea grácil, sencillo, cotidiano––
cuando nada es más asombroso que conseguirlo.
TIEMPOS MUERTOS
Tiempos muertos, recuerdo infantil.
Picor de cicatriz mal curada en día de tormenta.
Hueco de espera, ansiedad.
Leo.
Hacer útiles los tiempos muertos,
no parar, no sea que escuches.
Buscar el poema que se escapa.
Este momento dorado,
la sombra que proyecta la valla
contra las letras
y ese color irrepetible
me abraza y me arropa.
Divagar, no escribir ni un solo verso,
pensar en el color que le da la luz
a la hoja de papel en esta hora.
El verdadero poema, la luz sobre el poema.
ESO
Lo sabe todo sobre sexo.
Lo aprendió a los cuatro en el hueco
de la escalera
y a los seis en la trastienda
de su abuelo
con los primos.
Por aquello fue penitente
y descalza durante años.
A los dieciocho, por fin,
se dejó ir como un pez que se resbala
entre las manos
para volver al océano
[de donde nunca debió salir].
Asesoró sobre juguetes
a señoras que nunca en su vida
han tenido un orgasmo:
regalo animal que sus maridos
consideran demasiado caro
––pensar en el otro cuerpo
antes que en el propio,
regalar tiempo, lengua y manos
parece no estar al alcance de todos––.
Se vacía en cada encuentro,
como un globo que se desinfla
para ascender más deprisa.
Sabe volar y hacer volar
(si tienes alas)
o nadar si eres de agua.
En realidad no sabe nada sobre sexo,
sabe algo más de amor
y no es mucho.
Para ella el sexo nunca es solo eso,
es el origen de todos los poemas.
Esther Mañoso. Tanque de tormentas. Ed. Cuadranta, 2025
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