documentos de pensamiento radical

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martes, 15 de septiembre de 2026

LA TUMBA DE KEATS (Fragmentos)



 

 

Esto sucede ante la hora izquierda en que mi vida,

violenta juventud contra el poder de un príncipe,

llama jauría a la verdad y belleza a los puentes derrumbados.

Llama flor del frío a la tumba de los náufragos,

astrolabio muerto a la nieve de los locos.

Hornea un talco negro el hambre de la muerte,

la edad de los sentidos, el obstinado aliento

de la cansada luz de octubre en el baúl de abejas.

Brota sobre esta duna blanca la vehemente hierba de las islas,

la implacable hormiga en el blando bulbo de la boca helada.

Con guantes de forense sale la noche verde de su estuche

y la tempestad retumba por el otoño roto de las ánforas.

Tiene aquí mi corazón la edad del mundo,

el pez de piedra bajo el que los recién nacidos duermen.

Sufre el impaciente un reloj de sol bajo los párpados,

la aguja inmóvil como retina fría de los caballos muertos.

Mi vida es el temblor del consternado y el indigente ciego,

la constelación del triste en un festín de víctimas.

No conozco otra conciencia que la oscuridad translúcida,

la sábana de vidrio sobre la que la infernal razón se acuesta.

Vivo separado del rumbo de las cosas, hablo el miedo

de un heredero alzado contra el funesto monarca de las ciénagas.

No espero nada de los dioses, nada de la memorable epidemia de sus jueces.

Soy distinto ante el esclavo y el enano, soy el mismo suplicante y el eunuco.

Soy el transeúnte de la atmósfera, el anhelante oscuro del relámpago.

Oigo voces, oigo al temeroso y al anciano, sé que un caballo es un momento.

Oigo pasos, oigo el lastimoso trueno que al perenne huérfano perturba.

Tengo por amigo al penitente mar y al anticuado otoño,

amo la imperturbable soledad del hombre y la confidencia de los pájaros.

Llamo inalcanzable a la distancia que hay entre dos cuerpos,

alternativamente invado el país del fracaso y el suelo natal de la victoria.

Fui adolescente y me envenené con lumbre, fui déspota incansable

contra la vanidad que hastía la fiesta de los cuerpos.

No he llegado más lejos de mí mismo que una moneda del avaro está de otra,

considero estéril el invierno, considero el azul imprescindible.

Me ocupo con horror de los esfuerzos que hace cada día el sol por elogiar la tierra,

siento simpatía por el primitivo lúcido y por el débil infeliz metódico.

Prefiero la melancolía del cobarde a la furia invencible de los héroes,

prefiero el desamparo de los campos a la rígida ambición de los sepulcros.

Dios está cansado de escucharnos, están cansados los hombres y los perros,

la nostalgia es una canoa a la deriva por el río blanco de la muerte.

 

(…)

 

He pasado la tarde junto a la tumba de Keats,

me he apostado ante la guarida donde la divinidad no es un ser poderoso,

no he descendido a ningún otro infierno que no fuese mi vida.

He llamado día amarillo al día semejante a un íntimo color amarillo,

día imperfecto al día en que he sufrido menos que cualquier hombre.

Alguna vez he dicho: usted es alguien que provoca en mí una súbita emoción,

y ellos han detenido su paso y hemos tenido que compartir luego la ausencia de separarnos,

pero aun así he convivido bajo el mismo techo con la jibia de los menesterosos

y la triste benevolencia que le brota a los cuerpos tras el lenguaje de lo cotidiano,

lo que da cuenta de uno sin ser más que la sombra de otro,

esa vida, ese aire que respira el préstamo de las palabras con que se describe la fatiga en una cuerda de presos, el dolor de la coincidencia de dos hermanos en el mismo pabellón de enfermos, el favor del fuerte ante el abatimiento, la emoción del aliviado.

Dichas de este modo las tres palabras que mi padre ha puesto sobre la mesa no deberían ser repartidas entre los hermanos sino destinadas a permanecer como bobinas de hilo entre las cosas inútiles, la hebra que sostiene el peso de la memoria, el traje de franela del difunto, la carta que nunca fue abierta,

dichas de este modo las palabras tienden a desaparecer como desaparece el vendaje blanco de las cumbres en la primavera incipiente.



Juan Carlos Mestre. La desobediencia de las palabras. Bartleby Ed. 2024

Ilustración de Antonio Orihuela

lunes, 14 de septiembre de 2026

LA POESÍA HA CAÍDO EN DESGRACIA

 



 

 

La poesía ha caído en desgracia y las salamandras azules del mediodía entran en la ruina de sus vasijas ceremoniales con los ojos desorbitados por el sol de la muerte.

 

 

Toda necesidad ha desaparecido, la olorosa cebada en las alacenas vacías, el arca con las semillas de sésamo.

 

 

Todo lo que ha arrastrado el viento sobre la tierra húmeda había sido hermoso en la voz de mi padre, la suave hierba del dialecto y la agonía de los petirrojos en el avellano.

 

 

Ninguno de nosotros ha sido escogido por la verdad, otros fueron los días destinados a la belleza, otros los pasos del eremita que caminaba en la nieve, digno en la desolación como un árbol sagrado.

 

 

Hemos entrado en el silencio, ya no hay nadie tras los hayedos blancos, pero a veces el corazón todavía escucha los celestes cuclillos del invierno, el ruido vivo de la muerte frente a las ventanas cerradas.

 

 

Ahora, aún jóvenes, soportamos la mudez ante las jaulas de la sabiduría.


 


Juan Carlos Mestre. La desobediencia de las palabras. Bartleby Ed. 2024

domingo, 13 de septiembre de 2026

LE GUSTABA TODO



(Reinterpretando a Manuel Alcántara)


Le gustaban las películas del Oeste,

las amapolas y África,

llevarme al baño de noche

montada sobre sus pies.


Le gustaba guardar tesoros

en un saco de arpillera,

recoger lavanda en las cunetas,

los besos de mariposa.


Le gustaba sacar brillo a las manzanas,

chupamieles de merienda,

subir montañas, los ríos,

y su querida Vega.


Le gustaban los fantasmas,

fundir bombillas con la mirada,

las lilas, los tilos, los robles

la madreselva y los narcisos.


Le gustaba soplar dientes de león

pidiendo quién sabe qué deseos.

Tan fuerte sopló la vida

que la apagó antes de tiempo.



Esther Mañoso. Tanque de tormentas. Ed. Cuadranta, 2025

sábado, 12 de septiembre de 2026

4 poemas de "Tanque de tormentas" de Esther Mañoso




ABRAZO


Escribo porque no puedo decir

lo que no puedo decir

y porque al salir por las manos

las palabras se saltan con ventaja

el nudo de la garganta,

ese que apenas deja pasar

un hilo de aire,

un hilo de voz.


Escribo para no huir,

para no caerme tanto,

para encontrar en el fondo

esas palabras escurridizas

que dibujen

mi idea de las cosas.

Escribo para no ir a terapia,

porque cada palabra vertida

sana un poco los agujeros

de metralla de mi pecho.


Escribo por mí

porque me abraza fuerte

y largo.


Escribo por ella,

porque sé que sabía

que podía hacerlo

y hacerlo bien.









LO QUE ME HACE

Si me privan de morder una cereza,

del roce de una sábana blanca de algodón,

––suave de tan usada––

en el interior del tobillo.


Si no puedo andar descalza

por las rocas o el bosque,

transportar un libro en el bolso

como si fuera un arma.


Beber agua fría de la mano

como cuando me la daba mi madre.


Si me impiden abrazar y parar

el mundo

o reír a carcajadas haciendo el amor.


Si no tengo sus besos diminutos

cada mañana

o no me dejan bailar

como si nadie me viera.


Regocijarme en la nostalgia,

beber vino juntos.

Si no tengo todo esto,

¿para qué estar vivo?






RUINAS

Templo calcinado por las llamas

ya no huesos, ya no sangre.

Cuerpo latente bajo una capa

espesa de cenizas, de lodo.

Piel erizada, garganta bendita,

fuente de leche y agua

dulce túnel de miel

espectáculo de gemidos.

Este hogar ya solo habitado

por las corrientes de aire

de una casa en ruinas.







CHARCOS

Saltar dentro de un charco después

de una tormenta

es pensar en el abismo y topar con el suelo

bajo el espejo.


Es rebelarse contra los zapatos limpios,

los calcetines planchados

y el qué dirán.

Es volver al lugar donde se era

una misma,

volver a la capacidad de asombrarse.


La primera vez que llovió cuando

ellos ya andaban

los llevé a pisar los charcos

que dejó la tormenta.


No vi mejor forma de sembrar

la revolución.



Esther Mañoso. Tanque de tormentas. Ed. Cuadranta, 2025

viernes, 11 de septiembre de 2026

CUESTIONARIO PREMATRIMONIAL



¿Crees en mi amor a primera vista?

¿Y a segunda?

¿Cuál es tu ideología? ¿Quieres saber la mía?

¿Aún recuerdas cómo se juega?

¿Prefieres la poesía o el chocolate?

¿Crees en la plancha?

¿Sabes abrazar? ––pero bien—.

¿Y calentar los pies?

¿Me dejarías la más fría?

¿Sabes reírte de ti mismo?

¿Cómo de rápido mueves las manos? ¿Y la lengua?

¿Prefieres carne o pecado?

¿Conoces el significado de la palabra jipiar? ––hazlo—.

¿Sabes volar?

¿Crees que estas preguntas sirven para algo?

––Bésame—.




Esther Mañoso. Tanque de tormentas. Ed. Cuadranta, 2025

jueves, 10 de septiembre de 2026

3 poemas de "Tanque de tormentas" de Esther Mañoso




DE LOS PÁJAROS, EL VUELO

Oír un trinar mientras despierto y desear

entenderlo: primitivo conjunto de notas

que se enredan divertidas en el martillo,

el yunque y el estribo, como hilo invisible

que amarra sin apretar los sueños y los eleva.


No soy más que los pájaros que anidan

en mi cabeza, elegantes vertebrados plumíferos

que antes reptaban por el suelo, como yo

y ahora planean, decididos, hacia el horizonte.


El aire entre sus plumas ligeras me sostiene,

me dirige y acrecienta las ganas de ascender,

de jugar con el aire, de usarlo en mi ventaja

para suspenderme en la idea que persigo.


Volar en grupo, imantarme a los otros

realizar movimientos danzarines al unísono

––empatía deliciosa, que consigue sin esfuerzo

que el vuelo sea grácil, sencillo, cotidiano––

cuando nada es más asombroso que conseguirlo.








TIEMPOS MUERTOS

Tiempos muertos, recuerdo infantil.

Picor de cicatriz mal curada en día de tormenta.

Hueco de espera, ansiedad.

Leo.

Hacer útiles los tiempos muertos,

no parar, no sea que escuches.

Buscar el poema que se escapa.


Este momento dorado,

la sombra que proyecta la valla

contra las letras

y ese color irrepetible

me abraza y me arropa.


Divagar, no escribir ni un solo verso,

pensar en el color que le da la luz

a la hoja de papel en esta hora.


El verdadero poema, la luz sobre el poema.







ESO

Lo sabe todo sobre sexo.

Lo aprendió a los cuatro en el hueco

de la escalera

y a los seis en la trastienda

de su abuelo

con los primos.

Por aquello fue penitente

y descalza durante años.


A los dieciocho, por fin,

se dejó ir como un pez que se resbala

entre las manos

para volver al océano

[de donde nunca debió salir].


Asesoró sobre juguetes

a señoras que nunca en su vida

han tenido un orgasmo:

regalo animal que sus maridos

consideran demasiado caro

––pensar en el otro cuerpo

antes que en el propio,

regalar tiempo, lengua y manos

parece no estar al alcance de todos––.


Se vacía en cada encuentro,

como un globo que se desinfla

para ascender más deprisa.


Sabe volar y hacer volar

(si tienes alas)

o nadar si eres de agua.


En realidad no sabe nada sobre sexo,

sabe algo más de amor

y no es mucho.

Para ella el sexo nunca es solo eso,

es el origen de todos los poemas.



Esther Mañoso. Tanque de tormentas. Ed. Cuadranta, 2025