documentos de pensamiento radical

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lunes, 17 de agosto de 2026

hasta aquí


 


alega que no firma el pacto de estado frente a la emergencia climática porque en la quinta jornada de lucha también desconfinar barrera frente a la devastación una población tras otra en carrusel llamas así actúan los del no me consta no mezquita no detén retén un faro Santander no más publi no influye genética obviedades ala libre masa en tour a la caza de alguna sombrilla agujero 50 millones quedarán secuelas de heridos cargas policiales en Palma cuánto cuesta viajar en dirección opuesta a Al-Zahra en Gaza El Aaiún en el infierno en cuánto nos queda con este cupón descuento el acceso al nuevo orden estrellas emergentes del mundial en dirección opción emergencia acelera acelera acelera acel

 

basta

 

basta de este temblor

de estos dedos quemados

por el desfile   humo y alfileres

de cuentas pendientes

es el momento de desaparecer

reflejado en el clamor de la plaza

despeñándote entre amigos

hacia la noche de luna roja

que es boca insurgente

llave de paso en la caída infinita

hacia un eclipse de sombras

es el momento

de dejar llorar a las cenizas dulces

de este nuevo paisaje y al despertar

con la huella en la cara

de no haberte dado la vuelta una sola vez

y una estrella de sangre en la almohada

reiniciar tus anhelos

entre las azaleas del jardín

al despertar con el canto de las golondrinas

cosechar esta estrella en cascada

este río en presente

en lucha

en canal

 

en Voces

 



Pablo Iráculis. inédito

domingo, 16 de agosto de 2026

CUANTO TODO ES POR ÚLTIMA VEZ




 

M

e dice el sistema

que mi contraseña caducará en 60 días

y sé que ya nunca más la cambiaré.

 

Me llega el calendario de las próximas sesiones.

Jueves a las 8:15, salón de actos, y repaso los títulos

como quien repasa el panel de la estación:

lleno de trenes que nunca se han de coger.

 

Acabo de salir de mi última reunión

de la comisión de usos off label

de enfermedades autoinmunes sistémicas.

 

Cargo el busca por última vez, escribo

el último email, la última validación de un tratamiento

el último ajuste en insuficiencia renal de un antibiótico

el último café con las compañeras que aprecio

que conozco bien y que tanto me enseñaron.

 

Recogeré el cuadro de Vinuesa, las fotos, los premios

y el tarrito de los bolígrafos que me regalo Roberto Marín.

Echaré las batas y pijamas al contenedor de ropa sucia

y cruzaré la puerta por última vez.

 

Y sí, claro, ¿quién lo niega? algo se rompe, es un dintel,

un puente, casi una tirolina en Costa Rica

es como cruzar El Estrecho sin billete de vuelta

es la linealidad de la memoria que todo se lo come

pues todo acaba y, a la vez, todo siempre

comienza desde el instante anterior.

 

Tuvo un sentido, aún en el fracaso de los sueños,

porque hemos vivido rápido, peligrosamente, ajustando

las fuerzas al máximo que daba la caldera, no se puede negar

que no hayamos movido el esqueleto por estos hospitales

que no hayamos metido la cuchara en todas las sopas

que no hayamos reído y sufrido lo indecible

para saber que estábamos vivos, vivos, vivos.

 

 

 


Bernardo Santos. Farmacia hospitalaria. La Imprenta, 2026

sábado, 15 de agosto de 2026

DE TRANSICIONES Y DECEPCIONES



 

E

so que llaman transición española es un cristal

que se estudió en las facultades de políticas

y que, jóvenes generaciones, más tarde, reventaron.

 

Un traje del emperador, un constructo de miel

una pompa de jabón, una flor en la cloaca.

 

Eso que llaman transición española es

la suma de quienes dejaron de latir

perdieron un ojo, fueron enterrados en vida

fueron físicamente doblegados.

 

La suma de quienes sobrevivimos

con la boca seca y la tensión en las escápulas

con la necesidad de agruparnos constantemente

para consolar y refundar.

 

Un inmenso magma, cuerpos y alientos

eternos perdedores de una causa invencible

a contracorriente, poniendo la enésima mejilla

dejando jirones en horas laborables

para cambiar un país desde abajo

el que nos negaban desde arriba.

 

En medio, algunos soñamos

una farmacia libre de sus ataduras rancias

un profesionalismo nuevo

una farmacia vinculada a una demanda

social, científica, ontológica

cimentada en el medicamento

que trabaja para sus pacientes

y no para sus cuentas corrientes.

 

Una farmacia vinculada con éxito

al sistema sanitario público

como nórdicos y anglosajones.

 

Parecía posible, parecía justo, parecía necesario.

 

Sin embargo

lo tenían claro los dueños del cotarro

los que parten la pana. Había eslabones

de acero indestructible, el lucro de sus hijos

una lampedusiana permanencia

sus colegios, sus cooperativas, sus academias

sus facultades de farmacia cooptadas

soldadesca, oligarquías, continuidad

maquinarias para hablar sin descanso

de la atención farmacéutica y, así

no ponerla nunca en práctica.

 

En medio, algunos de nosotros

construimos una farmacia hospitalaria

para un nuevo siglo, allí donde pudimos

donde nos dieron cucharada los pioneros

a pesar de iluminados ególatras

simples sinvergüenzas

corruptos que extrajeron jugos

a pesar de acomodados y temerosos, una masa

de abstracción social aspiracionista

a pesar de la industria farmacéutica.

 

Una farmacia hospitalaria posible entre tanta miles.


Bernardo Santos. Farmacia hospitalaria. La Imprenta, 2026

viernes, 14 de agosto de 2026

3 poemas de FARMACIA HOSPITALARIA de BERNARDO SANTOS

 


UNA HISTORIA

 

D

e la botánica a la farmacognosia.

De la farmacognosia a la química orgánica.

De la química orgánica a la bioquímica.

De la bioquímica a la inmunología y a la genética.

 

De la observación a la experimentación.

De la naturaleza al laboratorio.

De lo manual a lo industrial.

De la extracción y purificación al diseño y síntesis.

Del tacto al conocimiento, de la ceguera a la explicación.

 

De la comunidad a la empresa.

Del artesano al obrero de cuello blanco.

De la función social al lucro turbocapitalista.

Del primun non nocere de las profesiones sanitarias

al manibus sanguine respersis de la industria farmacéutica.

 

 


 

LA DOSIS

 

C

omo una obsesión

como un centro de gravedad

como una causa primera

la dosis es la piedra angular.

 

En el mimo de la calibración de la balanza

en la programación de la bomba inteligente

en el informe farmacocinético del viernes

en el último protocolo azul.

 

La dosis suficiente y no excesiva

que justifica una profesión

la dosis que cura, mitiga, coadyuva

o disminuye la pendiente

de la evolución del síntoma

en la ecuación exacta

en la comparación bayesiana

con los semejantes

que te cruzas en la acera

o en el simple cálculo

según la masa de tu cuerpo.

 

La dosis justa

que impide yatrogenia crónica

intoxicación aguda, secuelas, la muerte

y que justifica una profesión

casi como de ángeles custodios

de serenos en la noche.

 

La dosis calculada

para siempre, para todos

en el juego de la gallinita ciega

de los ensayos con voluntarios

más o menos sanos

a veces desahuciados

representativos de ellos mismos

y a la vez de todos nosotros.

 

La dosis en el tiempo

que justifica una profesión

la que la taquifilaxia

aumenta sin fin contra el dolor infinito

la que disminuye logarítmicamente

en la esperanza de un final

tras el enésimo brote, tras el primer debut.

 

La dosis de los niños, de los ancianos

de quienes no tienen riñón

de quienes nacieron con una proteína

que se sale de la norma

porque hay en ellos un gen singular

que codifica libremente

a quienes debemos cuidar su dosis

como una caricia, como un arrullo.

 

Una obsesión, un centro de gravedad,

una causa primera, una piedra angular.

 


EL FARMACÉUTICO

 

D

icen, un farmacéutico

y dan continuidad a sus asuntos. Me señalan

y dicen, un farmacéutico y no mienten.

 

Yo asiento, sí, un farmacéutico en el valle del Guadalquivir,

un farmacéutico a caballo entre dos siglos,

un farmacéutico que buscó la liberación en teología,

un farmacéutico que habitó seis casas, que meció tres cunas.

 

Dicen el todo en una de sus partes y tú me reconoces,

como digo yo la parte por el todo para otros,

el panadero, la florista, la directora.

 

El autobús que ahora me soporta es gobernado

por aquella de la que yo diré la conductora

y dentro va sentado aquel a quien llamo el profesor

y aún a su lado a la que llaman la arquitecta.

 

Estas cosas pienso y no me llaman pensador

ni me gritan ¡ahí va el poeta, el ciclista, el cocinero !

 


 Bernardo Santos. Farmacia hospitalaria. La Imprenta, 2026

jueves, 13 de agosto de 2026

INVOCANDO A MAROSA



Como un musgo que espía entre los árboles, a una distancia prudencial, veo a mi madre de niña ––6 años tendrá–– junto al pozo de la Vega hechizada. Con sus manos está cortando las pajitas verdes del mundo y tararea una canción que no existe, una que solo los narcisos entienden. La brisa mueve su pelo y de fondo se escuchan las ranas en las sombras del mediodía. Sube la mirada que se topa con él. Un caballero, ataviado estilo Luis XVI, con peluca empolvada de violetas, traje bordado con hilos de luna y un cubo de plástico azul como el cielo. No hablan. Se dan los buenos días con los ojos, como hacen los seres de dos épocas distintas, que se reconocen en el perfume del agua. El caballero baja su cubo al pozo, con el silencio de siglos, y se aleja por el camino de hojas doradas. Mi madre sigue allí, con los dedos llenos de tierra y juego, mientras termina la canción que nació antes que ella. Y yo, desde la espesura, no sé si soy su hija o un árbol antiguo, que la recuerda.



Esther Mañoso

miércoles, 12 de agosto de 2026

IRROMPIBLES



 

El hilo de queso fundido que no abandona

la pizza. La corriente de agua que sigue

el cauce sin desbordarse. La rata aturdida

que no salta del barco. La última hoja, insomne

que cuelga del árbol dormido.

El estertor final de un cuerpo agotado,

abrazado a la vida.

 

Vínculos irrompibles,

eso que permite a este hilo rojo,

anudado al meñique,

sostener la fe

de que alguien al otro extremo,

aún sujete.



Esther Mañoso

martes, 11 de agosto de 2026

Lección de geografía



Aquí la tierra tiembla
al margen de los sismógrafos,
se agita cada noche suavemente
como si un rayo
la navegara estremecido.

Las fechas
se han ido borrando,
así los ríos que recuerdo
y los que no.

Al atardecer
regresan domésticos los rebaños.

Los animales que conozco
andan en manada,
como perros por Valparaíso,
con ellos beben sal en las maretas
retoños de otros
imposibles.

Y trota aquella loba
de cola espléndida,
la que diera su nombre a lo poblado,
guardándote la sombra.


Gata hoy entre las mesas, heredera
del rayo, cleptómana
responsable
de que la propiedad privada exceda
el territorio de las sábanas: ese tiempo
que el aire sueña latido, silencio,
galápago…


¿Quién apagó este galope
relanzándolo?




Poema publicado en De los ríos oscuros, 2010.


Yolanda Soler Onís
Ilustración de Francisca Alfonso