Del color de las manzanas
“¿En qué momento se adhiere la manzana a su color?”
M.A. Pérez López
Lo mismo que
hay preguntas sin respuesta,
igual que las
respuestas sin pregunta,
toda interrogación
afirma dudas.
¿cómo cazó la
araña al elefante?
¿de qué color
los ojos oscuros de las noches?
Al sur del sur,
¿qué hubiere?
Ascienden los
blancos a los pétalos
desde la tierra
parda
hasta hacerse
paleta en superficie,
esponja de luz
no reflejada.
No hay color
con las luces apagadas:
verás los
rojos, verdes, amarillos
cuando la luz
se encienda,
arcoíris de
frecuencias,
no sustancia en
lo sólido, sino ausencia,
colisión,
vibraciones
en la retina
abierta, la sensación del cromo
en un mundo
triste
cada vez más
negro y blanco.
De molécula a partícula,
el deseo
se hace carne
hasta las transgresiones
de aquello
prohibido: el árbol de la ciencia
de los males y
los bienes,
las esferas
azules de los pechos despiertos,
la rotunda
redondez de los extremos romos
el concierto
acompasado de ciruelas y areolas,
manzana que
nunca fue nombrada,
gota a gota de
savia circulante
transformando
los minerales en orgànica materia
como el sudor
salado compartido
se convierte en
afecto acrecentado
si nada lo malogra.
Multicolor,
tentadora,
encerrando en
su centro la victoria
de la vida
continuando en la semilla.
Bajo la piel
crujiente tatuada de soles
y rubies, y
esmeraldas,
mejillas sonrosadas sin vergüenza ninguna
ofrece su carne
blanca
con la oscura
esperanza
y el propósito
claro,
pues no sabe
nada,
de que su
simiente esparzas.
Y sabe a gloria
y paraíso.
¿Cómo verá el
insecto, de mil ojos,
el color
preciso, el momento exacto
para poner su
larva
en el corazón
tierno,
oruga que
taladra la manzana,
la cópula perfecta
que transforma
materia vegetal
en carne propia?
Si amor es ágape,
no hay amor más puro.
La conjunción
de la energía de los astros vivos
con las cenizas
de la explosión de los difuntos
obran este
milagro:
el quebrarse
los azúcares gozosos
para generar
pigmentos.
-Si amar es
darse,
con partir
multiplicarte,
no hay amor más
grande-
la sucesión
desde la rosa simple al pomo,
fruto ínfero, sincárpico,
que con la
madurez coloración definitiva alcanza,
culminación del
apetito
en el centro
humilde de la mesa
lujuriosa,
saludable en el frutero
como las
emociones generan sentimientos
Cuando al
primer mordisco estalle
en la boca de
los niños hambrientos
sin ninguna
malicia,
el color da lo
mismo.
Lejos de la
ternura de tus ojos,
de la
certidumbre, tu mirada.
Abriendo el círculo
Golpeo la tierra
sin ninguna malicia
y no la hiero:
un rasguño apenas.
Que la semilla acoja,
y sea útero
donde la vida
del vegetal germine,
no que comience,
ya tuvo origen:
continua es la vida
Vivo está el germen.
Cavo en el suelo:
asoman las lombrices
del sol hurtándose
y mil bichillos
que de la tierra viven,
madre nutricia.
Sin querer, sin crueldad
mato animales.
Abriendo surcos:
vuelos de mariposas,
trinos de pájaros.
Siembro en los lomos:
desde la tierra abierta
olor de estiércol.
Porque no la enveneno,
porque no la maltrato,
me dará sanos frutos.
¿Cómo no amarla,
si un día,
minerales, ceniza,
semilla al cabo,
acogerá en su seno
lo que de mí quede?
Y volveré
siendo hierba, gusano
pájaro, fruto
florecilla del campo,
canto en el viento.

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