Racionalidad
colectiva
Parecemos
incapaces de desarrollar una mínima racionalidad colectiva que nos permita
conectar las causas sistémicas de los desastres que experimentamos con las
consecuencias ecológicas que se nos muestran a diario desde la ciencia. En este
aspecto se diría que nuestras sociedades no han avanzado, sino más bien
retrocedido. Pensemos en dos fenómenos recientes muy llamativos que nos
permitirían establecer esta conexión: el aceite de oliva en el conjunto de
España y el agua en Barcelona. Han bastado dos años de caída a la mitad de la producción
del olivar para ver multiplicado el precio del aceite, convirtiéndolo casi en
un producto de lujo (para el de mejor calidad, ¡veinte euros el litro en
2023!). Y luego, en Barcelona, la espada de Damocles de las restricciones de
agua que ha reactivado el debate alrededor de la posibilidad de traerla en
barcos o de reforzar las infraestructuras de desalinización y de regeneración
de aguas residuales. “Regeneración” significa una depuración reforzada, de
manera que lo que sale de las cloacas pueda volver a entrar al abastecimiento
de la ciudad: beber orina purificada. Todo esto parece lo suficientemente
llamativo para hacer pensar que algo muy básico no funciona.
Pero
ante esas alarmas que aparecen en forma de inflación, precios elevados,
restricciones e imposibilidad de acceder a bienes básicos para parte de la
población,[1] se siguen ofreciendo como
soluciones intentos tecnológicos o meramente logísticos de hacer recular, de
nuevo, unos límites ecológicos cada vez más inevitables. Son formas de huida hacia
delante. Parece que no hay manera de “conectar los puntos” (como dicen los
anglosajones), de dar dos o tres pasos de razonamiento que unan el precio del
aceite con el calentamiento global y la crisis ecológica.
Ya
evoqué antes el manifiesto firmado por cientos de científicos en la antesala de
la COP28 de Dubai, quienes dicen que tiempo atrás estábamos preocupados, que
luego nos alarmamos y que ahora estamos aterrorizados. Este tránsito a un
terror racional parece que colectivamente somos incapaces de llevarlo a cabo
(con el fin de tomar las decisiones sistémicas adecuadas a la envergadura del
problema). Pero si, en lugar de un par de malas cosechas de aceite de oliva,
hablamos de dos temporadas malas de trigo y arroz, veremos hambrunas y muerte
para una gran parte de la humanidad. Las “revueltas del pan” que ya hemos
conocido (y que, como sabemos, han sido históricamente detonantes de muchos
procesos revolucionarios) parecerán poca cosa frente a lo que vemos dibujarse
en nuestro horizonte.
Se sigue pensando en soluciones de lujo, cuando
necesitamos salidas de emergencia
En
una entrevista para Alba Sud, se me preguntaba por el fuerte debate que
se ha producido dentro del movimiento ecologista entre aquellos sectores
conservacionistas que ponen en el centro el paisaje y su preservación y
aquellos que defienden que no hay nada más urgente la transición a las energías
renovables. En Cataluña este debate se ha centrado sobre todo alrededor de los
parques eólicos y solares, especialmente el proyecto del parque eólico
“Tramuntana” en el Golf de Roses, pero debates análogos se están dando en todas
partes. En Galicia, por ejemplo, Ecologistas en Acción se ha partido en dos.[2]
Los
movimientos en defensa del territorio chocan a veces contra los partidarios de
una transición energética ya mismo, a toda velocidad, sin aspavientos ni
cortapisas, a lo grande, como sea. No es nuevo en la historia del movimiento
ecologista, donde a veces se han dado posiciones NIMBY (Not in My Backyard, “que
no me lo pongan cerca a mí”)[3] ante instalaciones
problemáticas, como un vertedero o una incineradora. Eran reacciones iniciales
ante lo que se percibía (casi siempre correctamente) como una agresión al
territorio y a las vidas de sus habitantes, donde estaban implicadas cuestiones
serias de justicia ambiental. Por otra parte, cuando los colectivos se
informaban y eran capaces de ampliar su perspectiva, el movimiento solía
madurar y era capaz de generar propuestas en positivo, con perspectiva general
de bien común.
Creo
que en el debate actual en torno a las macroinstalaciones de aerogeneradores y
“huertos solares” fotovoltaicos han aparecido tres posiciones bastante
definidas: por un parte, lo que llamo ambientalismo de lujo frente a un ambientalismo
de emergencia. Este ambientalismo de lujo obvia los fenómenos de escasez y
la brevedad de los plazos para actuar, y se moviliza por la protección del
paisaje y los valores naturales (cuestión sin duda importante); pero ignora en
muchos casos otros factores como el agua, la energía o la dramática pregunta
sobre qué vamos a comer mañana. Del lado del ambientalismo de emergencia,
tenemos compañeros y compañeras que entienden la urgencia como estrictamente
climática y que ven en el impulso de las energías renovables el factor decisivo
que nos va a sacar de la zona de peligro en la que estamos[4]
(diría que se equivocan en eso, salvo si ponen una reducción drástica del uso
de energía en el Norte global como primer paso de una verdadera transición
energética).[5] No obstante, a menudo ni
unos ni otros abordan en serio los cambios sistémicos que habría que llevar a
cabo: suelen permanecer en el marco del “capitalismo verde”.
Finalmente
estaría (estaríamos) un tercer sector minoritario que es bien consciente de la
emergencia que vivimos y no minusvalora lo trágico de nuestra situación, pero
considera que las soluciones han de desarrollarse dentro de un paradigma
alternativo, claramente poscapitalista y decrecentista, y que, por tanto, han
de darse transformaciones profundas en la sociedad.[6]
A esto podemos llamarlo un ecologismo de emergencia consecuente. Como he
defendido en otros lugares, una reducción del nivel de vida material
(correlacionado en última instancia con el consumo de energía y materiales, o
con la huella ecológica) es compatible con una alta calidad de vida para la
gente, pero sólo si somos capaces de cambios radicales en las estructuras
productivas, las formas de propiedad, las relaciones de dominación, las
concepciones de vida buena…[7] En definitiva, un cambio
sistémico que nos llevase más allá del capitalismo. Menos turistas y más labriegos, podríamos decir a modo de
consigna, pero enseguida nos preguntarán: en las sociedades del Norte global,
¿quién quiere eso?[8]
“Crear horizontes de deseo” (esa consigna-fetiche
que oímos tantas veces en los círculos de nuestras desorientadas izquierdas)
está muy bien. Horizontes de deseo que no se materialicen en sufrimiento y daño
a otros ya va resultando más complicado…[9]
[1] Philip Alston, Relator
Especial de la ONU sobre la extrema pobreza y los derechos humanos, visitó España
del 27 de enero al 7 de febrero de 2020, y encontró “niveles aterradores de
pobreza y exclusión, políticas gubernamentales que no llegan a las personas que
necesitan apoyo y niveles escandalosamente altos de desigualdad” (https://www.plataformatercersector.es/es/noticias/philip-alston-el-covid-19-ha-puesto-en-evidencia-grandes-defectos-en-las-politicas-publicas#:~:text=la%20ON...-,Philip%20Alston%2C%20Relator%20Especial%20de%20la%20ONU%20sobre%20la%20extrema,combatir%20la%20pobreza%20en%20Espa%C3%B1a
). Yayo Herrero recuerda que un 35% de la población de nuestro país padece
pobreza severa, y un 15% pobreza extrema (comunicación personal, 21 de octubre
de 2024). Además, aumenta el número de los working poor, personas que a
pesar de tener empleo viven en la pobreza: en 2022, casi una de cada tres
personas (el 29%) en riesgo de pobreza en España tenían trabajo, pero de tan
baja calidad que resultaba insuficiente para salir de las penurias.
[2] “Ecologistas en Acción Zamora
rompe con la Confederación”, eldiario.es, 7 de diciembre de 2023; https://www.eldiario.es/castilla-y-leon/sociedad/ecologistas-accion-zamora-galicia-rompen-confederacion_1_10750953.html
[3] “Como elemento fundamental
de la externalización dominaba una actitud de not in my backyard, es
decir, que las consecuencias negativas no se percibieran en el propio patio. Not
in my backyard: tal podría considerarse la actitud generalizada del modo de
vida imperial. A partir de los años 1960 se sumaba el traslado de muchas
‘industrias sucias’ o industrias con un alto grado de intensidad laboral [desde
los países occidentales] a países del Sur global”. Ulrich Brand y Markus
Wissen, Modo de vida imperial, op. cit., p. 124.
[4] Véase por ejemplo Carlos
Arribas, Daniel López Marijuán y Rafael Yus: “Energías renovables sí, pero no
así. Entonces, ¿cómo?”, El Salto, 11 de octubre de 2024; https://www.elsaltodiario.com/opinion/energias-renovables-no-asi
[5] Importante al respecto el
trabajo de Jean-Baptiste Fressoz, entre otros. Véase por ejemplo “La transición
energética no ha comenzado” - El Laboratorio del Decrecmiento dialoga con
Jean-Baptiste Fressoz, primavera de 2024; https://youtu.be/4AKuZK_4Hak?si=skdnNjXzPAEEIggk
. Véase también https://www.sinpermiso.info/textos/el-mito-de-la-transicion-energetica-entrevista-a-jean-baptiste-fressoz
. Y sobre todo su libro Sin transición. Una nueva historia de la energía, Arpa,
Barcelona 2025.
[6] Véase Jorge Riechmann,
“Sobre las propuestas energéticas de la Comisión Europea, la necesidad de
decrecimiento y los planes A, B y C”, eldiario.es, 24 de julio de 2021; https://www.eldiario.es/ultima-llamada/propuestas-energeticas-comision-europea-necesidad-decrecimiento-planes-b-c_132_8149096.html
[7] Véase Jorge Riechmann,
“Transiciones ecosociales, colapso, decrecimiento: ya no tendremos tiempo de
equivocarnos dos veces”, Sistema 269-270, enero de 2024. Esta tercera
posición sería la de un ecosocialismo-ecofeminismo decrecentista, lo que
yo he llamado en otros textos un ecosocialismo descalzo.
[8] Bueno, con respecto a lo
primero se va avanzando en nuestro país, en la primavera y verano de 2024, con
manifestaciones bastante masivas contra el turismo masivo en las Islas
Canarias, Mallorca, Barcelona, Málaga, Valencia y otros lugares. Lo segundo
llegará también. Véase Sandra Vicente, “Miles de personas protestan en
Barcelona y Girona contra el turismo de masas: Sus cruceros nos suben el
alquiler”, eldiario.es, 6 de julio de 2024; https://www.eldiario.es/catalunya/miles-personas-protestan-barcelona-girona-turismo-masas-cruceros-suben-alquiler_1_11502773.html?s=09
[9] Véase al respecto Jorge Riechmann, “Sobre energía, transiciones ecosociales y modos de vida”, revista Nuestra Bandera 262, (monográfico Reflexiones críticas en torno a la transición energética), primer trimestre de 2024. Para toda esta reflexión resulta clave la noción de modo de vida imperial que han desarrollado Brand y Wissen.

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