documentos de pensamiento radical

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domingo, 4 de enero de 2026

DONDE EL AMOR, ALLÍ EL MUNDO de JORGE RIECHMANN (fragmento VIII)

 


Racionalidad colectiva

 

Parecemos incapaces de desarrollar una mínima racionalidad colectiva que nos permita conectar las causas sistémicas de los desastres que experimentamos con las consecuencias ecológicas que se nos muestran a diario desde la ciencia. En este aspecto se diría que nuestras sociedades no han avanzado, sino más bien retrocedido. Pensemos en dos fenómenos recientes muy llamativos que nos permitirían establecer esta conexión: el aceite de oliva en el conjunto de España y el agua en Barcelona. Han bastado dos años de caída a la mitad de la producción del olivar para ver multiplicado el precio del aceite, convirtiéndolo casi en un producto de lujo (para el de mejor calidad, ¡veinte euros el litro en 2023!). Y luego, en Barcelona, la espada de Damocles de las restricciones de agua que ha reactivado el debate alrededor de la posibilidad de traerla en barcos o de reforzar las infraestructuras de desalinización y de regeneración de aguas residuales. “Regeneración” significa una depuración reforzada, de manera que lo que sale de las cloacas pueda volver a entrar al abastecimiento de la ciudad: beber orina purificada. Todo esto parece lo suficientemente llamativo para hacer pensar que algo muy básico no funciona.

 

Pero ante esas alarmas que aparecen en forma de inflación, precios elevados, restricciones e imposibilidad de acceder a bienes básicos para parte de la población,[1] se siguen ofreciendo como soluciones intentos tecnológicos o meramente logísticos de hacer recular, de nuevo, unos límites ecológicos cada vez más inevitables. Son formas de huida hacia delante. Parece que no hay manera de “conectar los puntos” (como dicen los anglosajones), de dar dos o tres pasos de razonamiento que unan el precio del aceite con el calentamiento global y la crisis ecológica.

 

Ya evoqué antes el manifiesto firmado por cientos de científicos en la antesala de la COP28 de Dubai, quienes dicen que tiempo atrás estábamos preocupados, que luego nos alarmamos y que ahora estamos aterrorizados. Este tránsito a un terror racional parece que colectivamente somos incapaces de llevarlo a cabo (con el fin de tomar las decisiones sistémicas adecuadas a la envergadura del problema). Pero si, en lugar de un par de malas cosechas de aceite de oliva, hablamos de dos temporadas malas de trigo y arroz, veremos hambrunas y muerte para una gran parte de la humanidad. Las “revueltas del pan” que ya hemos conocido (y que, como sabemos, han sido históricamente detonantes de muchos procesos revolucionarios) parecerán poca cosa frente a lo que vemos dibujarse en nuestro horizonte.

 

 

Se sigue pensando en soluciones de lujo, cuando necesitamos salidas de emergencia

 

En una entrevista para Alba Sud, se me preguntaba por el fuerte debate que se ha producido dentro del movimiento ecologista entre aquellos sectores conservacionistas que ponen en el centro el paisaje y su preservación y aquellos que defienden que no hay nada más urgente la transición a las energías renovables. En Cataluña este debate se ha centrado sobre todo alrededor de los parques eólicos y solares, especialmente el proyecto del parque eólico “Tramuntana” en el Golf de Roses, pero debates análogos se están dando en todas partes. En Galicia, por ejemplo, Ecologistas en Acción se ha partido en dos.[2]

 

Los movimientos en defensa del territorio chocan a veces contra los partidarios de una transición energética ya mismo, a toda velocidad, sin aspavientos ni cortapisas, a lo grande, como sea. No es nuevo en la historia del movimiento ecologista, donde a veces se han dado posiciones NIMBY (Not in My Backyard, “que no me lo pongan cerca a mí”)[3] ante instalaciones problemáticas, como un vertedero o una incineradora. Eran reacciones iniciales ante lo que se percibía (casi siempre correctamente) como una agresión al territorio y a las vidas de sus habitantes, donde estaban implicadas cuestiones serias de justicia ambiental. Por otra parte, cuando los colectivos se informaban y eran capaces de ampliar su perspectiva, el movimiento solía madurar y era capaz de generar propuestas en positivo, con perspectiva general de bien común.

 

Creo que en el debate actual en torno a las macroinstalaciones de aerogeneradores y “huertos solares” fotovoltaicos han aparecido tres posiciones bastante definidas: por un parte, lo que llamo ambientalismo de lujo frente a un ambientalismo de emergencia. Este ambientalismo de lujo obvia los fenómenos de escasez y la brevedad de los plazos para actuar, y se moviliza por la protección del paisaje y los valores naturales (cuestión sin duda importante); pero ignora en muchos casos otros factores como el agua, la energía o la dramática pregunta sobre qué vamos a comer mañana. Del lado del ambientalismo de emergencia, tenemos compañeros y compañeras que entienden la urgencia como estrictamente climática y que ven en el impulso de las energías renovables el factor decisivo que nos va a sacar de la zona de peligro en la que estamos[4] (diría que se equivocan en eso, salvo si ponen una reducción drástica del uso de energía en el Norte global como primer paso de una verdadera transición energética).[5] No obstante, a menudo ni unos ni otros abordan en serio los cambios sistémicos que habría que llevar a cabo: suelen permanecer en el marco del “capitalismo verde”.

 

Finalmente estaría (estaríamos) un tercer sector minoritario que es bien consciente de la emergencia que vivimos y no minusvalora lo trágico de nuestra situación, pero considera que las soluciones han de desarrollarse dentro de un paradigma alternativo, claramente poscapitalista y decrecentista, y que, por tanto, han de darse transformaciones profundas en la sociedad.[6] A esto podemos llamarlo un ecologismo de emergencia consecuente. Como he defendido en otros lugares, una reducción del nivel de vida material (correlacionado en última instancia con el consumo de energía y materiales, o con la huella ecológica) es compatible con una alta calidad de vida para la gente, pero sólo si somos capaces de cambios radicales en las estructuras productivas, las formas de propiedad, las relaciones de dominación, las concepciones de vida buena…[7] En definitiva, un cambio sistémico que nos llevase más allá del capitalismo. Menos turistas y más labriegos, podríamos decir a modo de consigna, pero enseguida nos preguntarán: en las sociedades del Norte global, ¿quién quiere eso?[8]

 

“Crear horizontes de deseo” (esa consigna-fetiche que oímos tantas veces en los círculos de nuestras desorientadas izquierdas) está muy bien. Horizontes de deseo que no se materialicen en sufrimiento y daño a otros ya va resultando más complicado…[9]

 

Jorge Riechmann. Donde el amor, allí el mundo. Ed. El Desvelo, 2025

Collage de Ana Deacracia




[1] Philip Alston, Relator Especial de la ONU sobre la extrema pobreza y los derechos humanos, visitó España del 27 de enero al 7 de febrero de 2020, y encontró “niveles aterradores de pobreza y exclusión, políticas gubernamentales que no llegan a las personas que necesitan apoyo y niveles escandalosamente altos de desigualdad” (https://www.plataformatercersector.es/es/noticias/philip-alston-el-covid-19-ha-puesto-en-evidencia-grandes-defectos-en-las-politicas-publicas#:~:text=la%20ON...-,Philip%20Alston%2C%20Relator%20Especial%20de%20la%20ONU%20sobre%20la%20extrema,combatir%20la%20pobreza%20en%20Espa%C3%B1a ). Yayo Herrero recuerda que un 35% de la población de nuestro país padece pobreza severa, y un 15% pobreza extrema (comunicación personal, 21 de octubre de 2024). Además, aumenta el número de los working poor, personas que a pesar de tener empleo viven en la pobreza: en 2022, casi una de cada tres personas (el 29%) en riesgo de pobreza en España tenían trabajo, pero de tan baja calidad que resultaba insuficiente para salir de las penurias.

[2] “Ecologistas en Acción Zamora rompe con la Confederación”, eldiario.es, 7 de diciembre de 2023; https://www.eldiario.es/castilla-y-leon/sociedad/ecologistas-accion-zamora-galicia-rompen-confederacion_1_10750953.html

[3] “Como elemento fundamental de la externalización dominaba una actitud de not in my backyard, es decir, que las consecuencias negativas no se percibieran en el propio patio. Not in my backyard: tal podría considerarse la actitud generalizada del modo de vida imperial. A partir de los años 1960 se sumaba el traslado de muchas ‘industrias sucias’ o industrias con un alto grado de intensidad laboral [desde los países occidentales] a países del Sur global”. Ulrich Brand y Markus Wissen, Modo de vida imperial, op. cit., p. 124.

[4] Véase por ejemplo Carlos Arribas, Daniel López Marijuán y Rafael Yus: “Energías renovables sí, pero no así. Entonces, ¿cómo?”, El Salto, 11 de octubre de 2024; https://www.elsaltodiario.com/opinion/energias-renovables-no-asi

[5] Importante al respecto el trabajo de Jean-Baptiste Fressoz, entre otros. Véase por ejemplo “La transición energética no ha comenzado” - El Laboratorio del Decrecmiento dialoga con Jean-Baptiste Fressoz, primavera de 2024; https://youtu.be/4AKuZK_4Hak?si=skdnNjXzPAEEIggk . Véase también https://www.sinpermiso.info/textos/el-mito-de-la-transicion-energetica-entrevista-a-jean-baptiste-fressoz . Y sobre todo su libro Sin transición. Una nueva historia de la energía, Arpa, Barcelona 2025.

[6] Véase Jorge Riechmann, “Sobre las propuestas energéticas de la Comisión Europea, la necesidad de decrecimiento y los planes A, B y C”, eldiario.es, 24 de julio de 2021; https://www.eldiario.es/ultima-llamada/propuestas-energeticas-comision-europea-necesidad-decrecimiento-planes-b-c_132_8149096.html

[7] Véase Jorge Riechmann, “Transiciones ecosociales, colapso, decrecimiento: ya no tendremos tiempo de equivocarnos dos veces”, Sistema 269-270, enero de 2024. Esta tercera posición sería la de un ecosocialismo-ecofeminismo decrecentista, lo que yo he llamado en otros textos un ecosocialismo descalzo.

[8] Bueno, con respecto a lo primero se va avanzando en nuestro país, en la primavera y verano de 2024, con manifestaciones bastante masivas contra el turismo masivo en las Islas Canarias, Mallorca, Barcelona, Málaga, Valencia y otros lugares. Lo segundo llegará también. Véase Sandra Vicente, “Miles de personas protestan en Barcelona y Girona contra el turismo de masas: Sus cruceros nos suben el alquiler”, eldiario.es, 6 de julio de 2024; https://www.eldiario.es/catalunya/miles-personas-protestan-barcelona-girona-turismo-masas-cruceros-suben-alquiler_1_11502773.html?s=09

[9] Véase al respecto Jorge Riechmann, “Sobre energía, transiciones ecosociales y modos de vida”, revista Nuestra Bandera 262, (monográfico Reflexiones críticas en torno a la transición energética), primer trimestre de 2024. Para toda esta reflexión resulta clave la noción de modo de vida imperial que han desarrollado Brand y Wissen.




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