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jueves, 29 de octubre de 2026

3 fragmentos de PARTITURAS DE LOS DESPLAZAMIENTOS de FELICIANO CASTAÑO VILLAR




Lo importante,
una vez y otra,
es lo que no se escucha,
lo que no se ve,
los silencios que se dejan atrás,
pero quedan,
lo invisible,
que nadie ve, ni quiere,
pero está,
lo ausente,
que aparece,
el llanto de risa,
el amor salvaje,
sin palabras,
el temblor
sagrado de nuestros cuerpos,
animal y acuoso,
dulce y salado,
de nuestras sábanas,
el huevo que incuba
el deseo por nacer
y volver a vivir.

Un día más,
todo el mundo mira,
el ruido se agolpa,
las imágenes se acumulan,
y nadie ve,
nadie escucha,
es una concatenación,
sin pausa
de sensaciones, estímulos,
compensaciones,
cajones llenos,
pero en absoluto vacío.
La caricia usada sin vida
como valor de cambio
y agarradera,
sin el brincar libre del agua
de la piel con piel,
palpitante
y amada.

El espectáculo es como el turismo,
el problema es él mismo,
sin mayor cuestión.
Su dogma no permite más.
Se trata de seguir,
seguir girando la rueda
y no parar.

Por eso,
hartémonos de amor,
para poder seguir viviendo
y hacer desplazamientos con sentido.

...

En la crisis de la mediana edad,
los hombres de hoy
se hacen tatuajes motivadores
o símbolos de eterna fortaleza,
aprenden calistenia militar,
compiten como "iron man",
organizan multitudinarios cumpleaños autofinanciados,
se compran motos gigantes
o bicicletas extra-terrenales
de cuota mensual,
con trajes de una pieza
en los que embutirse
para cuantificar kilómetros, calorías
y otras magnitudes
del cuerpo errático.
Yo preferiría aprender a tocar
un laúd renacentista
con lápiz, papel y goma,
y trovar letras,
tejer versos,
en las noches de azahar, jazmín
y damas de noche.
Y cantar juntos,
en los días prendados de sonrisas
por la alegría compartida
de crear nuevos mundos de vida.
Pero no encuentro el cómo,
ni el cuándo, ni siquiera el quién,
en ésta vieja y
vacía región llamada Europa.
Que solo se entretiene
ordenando una agenda imposible,
enjaulada,
en una huida hacia delante
tan veloz como vacía,
y una búsqueda infinita de compensadores
y falsos espejismos,
de juventud agotada
e impotente nostalgia
de algo que ya no existe.

...

En la lonja de mi pueblo
ya no hay pescado ni peces
tan sólo un póster de un sargo
y decenas de pantallas
y folletos de quehaceres
para turistas sacrificados.


Feliciano Castaño Villar    

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