documentos de pensamiento radical

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sábado, 3 de diciembre de 2022

2 poemas de VIKINGO de ÁGATA NAVALÓN

 


 

VINLAND


Hemos estado allí ¿lo recuerdas?

 

No dejamos rastros ni rostros,

solo tierra y silencio con pupilas plantadas,

cuyas raíces ruidosas aplastábamos al caminar.

 

La bautizaste Vinland pero nunca se materializaba ese nombre.

 

¿Qué es esto? ¿Cómo se llama? Dilo,

nómbralo, nómbranos, nombra el nombre 

-gritabas-,

mientras te soñabas dueño,

tú vikingo dueño de la tierra, dueño de mí, dueño

de la hoja seca y el fruto licuado:

zumo caliente podrido

que se imagina divino; líquido

mágico ladrón de esferas,

 

las nuestras.

 

Regresaré, regresaremos -me decías-.

y después, luego, más allá del entonces,

más lejos de tu grito y tu nombre y tu mirada férrea sobre mi y esa tierra,

han escavado, nos han buscado,

ellos, aquellos que no son nuestros hijos,

sombras de los  hijos muertos que me arrancaste,

tú y los otros.

 

Fue solo un colapso,

un asentamiento inconcluso,

un destello,

aquí,

han escrito ellos.

 



LAVANDERÍA


Insolventes e intangibles para los imperios de las luces azules,

caminan empujando sus enseres los hijos de las calles.

 

No los mires, vikingo, esa es la norma.

 

Infranqueables se apoyan en los muros pintarrajeados,

en los que las mesnadas urbanas han perfilado un territorio.

 

Huele a hamburguesa de carne cultivada en los sótanos de los garajes alquilados.

 

El ascensor se ha vuelto a parar en el piso equivocado,

respira, vikingo, llegaremos a tiempo a izar las velas.

 

Los taburetes metálicos pintados de naranja son iluminados

por las bombillas recicladas de las casas abandonadas.

Son contaminantes, es el plomo.

Tú, no logras entenderlo.

 

La mujer de jersey lanudo y azulado de fibras tóxicas y orientales,

tocadas por manos pequeñas, devora carne.

No tiene esclavas.

No será enterrada con su barco.

No cultivará en el invierno.

No empuñará la espada.

No caerá su cuerpo sobre el enemigo casi rendido.

No lo arrastrará por la playa.

Ningún rizo le traerá una dicha,

ningún rizoma que enganche con su conocimiento sensible.

 


La trayectoria circular de las estrellas no sabe de todos estos movimientos terrestres.

 

Las miramos tras el cristal que complacientemente detergenado

nos esconde en este purgatorio,

lejos de la última batalla.

 

No ganamos,

estamos en tierra lavando escudos con líquido oxigenante.

 

 

Ágata Navalón. Vikingo. El Petit Editor.

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